martes, 26 de noviembre de 2019

CASINES-PASEO MARÍTIMO (PUERTO REAL) (25 NOV 2019)

Puerto Real fue fundada el 18 de junio del año 1483 por los Reyes Católicos, que buscaban un puerto abrigado y seguro, dependiente de la corona, del que zarpasen las naves para el asedio marítimo al reino de Granada y un lugar con salida al mar para contrarrestar la influencia del resto de puertos de la Bahía de Cádiz, en manos de linajes señoriales. Y de ahí le viene el hombre a esta bonita ciudad.

Este pequeño recorrido se desarrolla por el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, aunque más que sendero es un paseo que saliendo de la barriada de Casines nos llevará a recorrer todo el Paseo Marítimo de Puerto Real, así como la playa de La Cachucha.

Mi intención original era adentrarme, en un principio, por el margen de la bahía que lleva hasta San Fernando, a través de los caminos que conducían hasta antiguas instalaciones salineras hoy abandonadas, pero una larga alambrada donde lucen magníficos carteles de "Parque Natural", impiden el paso, así que tuve que reducir el recorrido hasta quedarme en lo que veremos a continuación.

Dejamos el coche en: 36°31.375'N - 6°10.397'W
Distancia: 7,02 kilómetros.
Tiempo: 1 hora 48 minutos.
Dificultad: Fácil.

Podéis descargaros el track, clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/casines-paseo-maritimo-puerto-real-25nov2019-43885824

Dejamos el coche en uno de los amplios aparcamientos que recorren la barriada de Casines, en la perpendicular con la calle Tierra y Libertad. Tras cruzar la avenida José María Fernández Gómez y la carretera N-IVa, buscamos una bajada que nos permita acceder a la orilla de lo que probablemente sea el punto más "al interior de tierra" del Saco Interno de la Bahía de Cádiz.

Por la izquierda vemos el lugar por donde pretendía (lo volveré a intentar) progresar, aunque por otra parte, tampoco creo que ofreciera mucho más de lo que veremos saliendo desde aquí. Con un poco de saturación la Bahía de Cádiz, nos descubre su maravilloso colorido.

La marea vacía añade un toque de espectacularidad al entorno, y por otra parte, nos permitirá caminar lo más alejado posible de las zonas urbanizadas. Para estas rutas siempre hay que tener en consideración el horario de la bajamar.  ¡Eh!

Afortunadamente, esta zona y a pesar de la suciedad acumulada y no siempre de origen natural, es posible pasar cómodamente, bajo tanta alga húmeda el suelo está duro.

El momento de la bajamar también nos permitirá visualizar una extensa gama de aves acuáticas y otras que no siéndolo, si que se desplazan a estas zonas a comer, tales como la cigüeña negra. Aunque como no llevamos un objetivo adecuado para fotografiarlas pues prestamos más atención al sinfin de barquitas que abandonadas o no, dan un colorido extra a la anodina planicie mareal.

El camino se acaba y un muro de contención hasta donde llega habitualmente el agua nos corta el paso, se puede pasar pero nos meteríamos en fango, así que aprovechamos una subida a nuestra derecha y accedemos al arcén de la carretera.

Aunque no son muchos metros los que tenemos que andar por el margen de la carretera, podemos evitarlo circulando por la parte superior del muro de contención.

Rápidamente, antiguamente esto era una zona de huertas que llegaban hasta la orilla, y tras pasar algunas de las edificaciones antiguas llegamos al comienzo de la calle Trafalgar, donde giraremos a la izquierda para contactar con el Paseo Marítimo.

Aprovechamos la bajamar para alejarnos de este tramo del paseo que ya recorremos a la vuelta. Hemos llegado a la playa de La Cachucha. Esta playa está delimitda por por dos espigones que contienen la perdida de arena.

La Cachucha es una playa urbana consolidada y regresiva de poco menos de medio kilómetro de longitud, compuesta de arena anaranjada de grano fino, hoy día proveniente de las distintas regeneraciones periódicas ocasionadas desde la construcción del paseo marítimo que ha ocasionado una modificación en su fisionomía original.

Es una de las dos únicas playas situada en el saco interno de la Bahía de Cádiz, junto con la playa de la Casería en San Fernando (visitada en noviembre de 2019), lo que les confiere aguas tranquilas. En la foto podemos ver una especie de espigón que termina desarrollándose de forma longitudinal a la orilla y que cumple la función de muro de retención de la arena.

Nuevamente el paso por la orilla se acaba por lo que tenemos que seguir por el paseo marítimo, esa escalera del fondo nos vendrá de perlas para subir.

Parece ser que el origen del nombre proviene de casucha, ya que en la década de 1950 la zona estaba ocupada por pequeñas casas que servían a los pescadores de la zona para guardar sus aparejos. Otra posibilidad sería que recibiese su nombre por las embarcaciones que tradicionalmente se amarraban en ella, botes pequeños denominados "cachuchos".


El paseo marítimo tiene una longitud de algo más de dos kilómetros y nació como resultado de un Plan Especial del Casco Histórico, recuperando la fachada marítima de la ciudad.

Llegamos al conocido como Muelle Fortificado, construido a partir de un muelle preexistente del siglo XVI, el arquitecto Torcuato Benjumeda fue el encargado de su fortificación en el siglo XVIII para cubrir las necesidades de la ciudad como parte del sistema de aprovisionamiento de materiales de construcción y otras mercancías en el marco del traslado en 1717 de la Casa de Contratación a Cádiz. Además podía servir como espacio de primera defensa frente a posibles ataques marítimos.

Allí se ubica el Club Náutico El Trocadero.

Junto a él, se encuentra el embarcadero. A nuestra derecha vemos la Isla del Trocadero.

La isla, asociada al caño del mismo nombre, está formada por depósitos fluvio-marinos de naturaleza limo-arenosa, formando marismas naturales de las cuales algunas se convirtieron en salinas. La vegetación característica de la zona la forman especies como la sapina o el limoniastro. Es un lugar de gran interés para la observación de aves.
Fue desde antiguo una importante zona de tráfico comercial. También se usaba para reparar barcos. Por último, el Fuerte de San Luis, en el extremo sur de la isla, era parte de las defensas de la Bahía de Cádiz. 

El fuerte, hoy en día en ruinas, fue tomado por tropas francesas de la Santa Alianza el 30 de agosto de 1823, durante la batalla de Trocadero, y en conmemoración de dicha toma, se dió nombre a la famosa Plaza del Trocadero y a los Jardines del Trocadero de París.

A lo largo del paseo marítimo podremos ver varias rampas para el varada de embarcaciones menores. También vemos el Caño del Trocadero que rodea a la isla de igual nombre.

El paseo finaliza en un original reloj solar realizado con azulejos y un ancla. Con numeración romana el reloj tiene las líneas equinocciales y de los solsticios, además de los signos del zodíaco.

 La vuelta la realizamos por la Calle Ribera del Muelle.

Pasaremos junto al club de tenis, este tramo dispone de dos espacios, uno para bicis y otro para peatones.

Es un agradable tramo arbolado.

A nuestra izquierda vemos la trasera de uno de los arcos que cierra el famoso Callejón del Arco. Se trata de un callejón peatonal de unos cien metros de largo y cinco de ancho, enmarcado por dos arcos de medio punto que datan del siglo XVIII y realizados en piedra ostionera de la propia Bahía de Cádiz, su cota es superior al nivel del mar haciendo que el arco que se asoma al mar constituya un auténtico balcón hacia la bahía de Cádiz.

Nos desviamos por la Calle Cruz Verde y Amargura para acercanos a la plaza de Madre Loreto lugar donde se encuentra la Iglesia Conventual de la Victoria, del siglo XVIII. Un edificio de estilo barroco fundado por la Orden Los Mínimos de la Victoria (Orden religiosa mendicante de fundada por San Francisco de Paula), en el lugar que en ese momento era un promontorio o manchón a las afueras del centro urban, de ahí que también fuese conocido como "Manchón del Hospital".

El conjunto ocupa una gran parcela de esquina, teniendo la iglesia la fachada principal a la calle de la Victoria. Está formado por la iglesia propiamente dicha y el antiguo convento, hoy transformado en asilo hospital adosado a ella.

 La torre es un añadido de 1770.

Por la calle Algeciras ponemos fin a nuestro paseo. ¿La foto? Pues me gustó el juego que hace el naranja de la casa con el naranja de las naranjas. 😂😂😂😂

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.  

martes, 19 de noviembre de 2019

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE ESPERILLA-ERMITA DE SANTIAGO-CASTILLO DE FATETAR (ESPERA-CÁDIZ) (15 NOV 2019)

Saliendo de Espera este sendero nos llevará a las ruinas ibero-romanas del Cerro de Esperilla, un asentamiento prehistórico por donde pasaron desde poblaciones neolíticas hasta romanas, turdetanas, íberas y cartaginesas. Allí podremos ver restos de viviendas, murallas o aljibes pero si por algo destaca el Yacimiento de Esperilla en el mundo de la arqueología es porque allí se encontraron un sinfin de esculturas, sobre todo leones, únicas en el mundo y relacionadas con el cultura ibérica. De vuelta a Espera, cerraremos el circular visitando el Castillo de Fatetar y la Ermita de Santiago.

Dejamos el coche en: 36°52.297'N -  5°48.607'W
Distancia: 6,78 kilómetros.
Tiempo: 3 horas.
Dificultad: Fácil.

Podéis descargaros el track, clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/yacimiento-arqueologico-de-esperilla-ermita-de-santiago-castillo-de-fatetar-espera-cadiz-15nov2019-43657666

El coche se queda en el lateral del Cementerio de San Sebastían, a su lado están el Castillo de Fatetar y la Ermita de Santiago, cuya visita pondrá fin a nuestra ruta. En negro por donde iniciaremos, debemos volver por la flecha rosa.

Salimos del pueblo por una vereda que nos llevará a conectar con la Cañada Real de Sevilla.

Durante todo el trayecto tendremos vistas del Cerro de Esperilla, lugar donde se ubica el yacimiento arqueológico que vamos a visitar.

Y por supuesto, también del Castillo de Fatetar, desde ambos lugares se domina todo el entorno, lo cual explica sobradamente el porqué de sus ubicaciones.

En esta zona, la Cañada Real de Sevilla discurre paralela al arroyo de Los Puercos. Esta cañada también es conocida como Cordel de Las Peñas.

Tras cruzar la carretera CA-6100 vemos una vereda que se dirige directamente al cerro de Esperilla, pues es la que nos interesa.

Existe la posibilidad de atacar directamente la zona alta del cerro, tendría la ventaja de que no habría que repetir tramo y ahorraríamos unos metros, el inconveniente es que en ambas laderas del cerro, existen restos del asentamiento por lo que si lo hacemos en una sola pasada pues solo iremos viendo una parte, así que decidimos iniciar la subida al cerro de la forma habitual, de modo que el trayecto de subida lo haremos cerca de una ladera y el de vuelta, por la otra, esto nos permitirá ver con mayor detalle lo que por allí exista.

La vereda nos llevará a una especie de casa/cuadra que tendremos que rodear, dejándola a nuestra izquierda.

La sierra es maravillosa pero no podemos dejar de reconocer que la planicie de los campos de labor también tienen una carga plástica inigualable. Al fondo, la Sierra de Grazalema.

Empezamos a realizar una especie de mini cresteo, aunque las veredillas están muy marcadas y el suelo no ofrece ninguna dificultad. Aunque se desconoce su origen, sí se sabe que en el siglo V después de Cristo desaparece la actividad en su entorno y la ciudad se abandona.

Volvemos a mirar el horizonte, ahora la vista nos hace reconocer la Sierra del Tablón y a su izquierda, la puntita del Peñón de Algámitas. Más a la derecha, la Sierra de Líjar.

Llevamos un ratito subiendo por el cerro y aún no vemos nada, ¿nos estaremos pasando? Pues no, allí al frente derecha, vemos los que nos parece una pared tallada en la roca, estamos llegando al asentamiento.

En este yacimiento arqueológico se encontraron un importante número de restos de diferentes épocas desde el Neolítico hasta la época romana pasando por las civilizaciones turdetana, ibérica y cartaginesa.

De nuevo se nos va la vista al horizonte que se me antoja más bonito que el yacimiento, pero vamos a lo que vamos.

Los primeros restos conocidos se remontan al Neolítico, época en la que existió un pequeño poblado. También existen bastantes restos de la Edad de los Metales. Pero cuando se convirtió en una verdadera ciudad fue durante la civilización íbera, entre el s.IV y I a.C. De esta época, llamada en nuestro territorio Turdetania, como continuadora de la civilización de Tartessos, se conservan en el yacimiento numerosas viviendas, aljibes, murallas, Nosotros pudimos contar hasta cinco aljibes que están marcados en el track, disponían de unos labrados que sin dudas eran para apoyar las tapas que protegían el agua y evitaban la caida accidental en ellos.

Probablemente esta sea la estancia en mejor estado, aún conserva tres de sus paredes, abruma pensar el trabajo ingente que supuso el tallado en la roca viva para sacar un habitáculo de una afloración pétrea.

También vimos cinco o seis tramos de escaleras, algunos de ellos en lugares, no sé como llamarlos, si extraños o raros, lo que sin duda indican de que aunque hoy día no exista ningún resto de edificación, sin dudas las hubo.

Probablemente lo más interesante de este yacimiento sea la cantidad de esculturas encontradas, sobre todo figuras de leones, utilizadas como ornamento en tumbas. Algunos de estos leones podéis verlos en el Museo Arqueológico de Espera.
 

Igualmente se han hallado tumbas de incineración y figuras de guerreros ataviados con túnica y faldellín corto, así como una figura femenina sedente cubierta con manto y con tocado en la cabeza, en piedra arenisca. Se pueden relacionar estas figuras con el arte prerromano de Baza, Osuna y el Levante español. 

Por la zona alta también vimos una especie de pilón que recoge aguas de una especie de canalizo pobremente tallado en la piedra, y que a su vez evacua agua, a través de otro pequeño canal, hacia un aljibe justo a un metro por debajo.

El asentamiento primitivo nos recuerda al tipo Oppidum de la Silla del Papa (visitado en octubre de 2018) .

Oppidum es un término genérico en latín que designa un lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre. Los oppida se establecían, generalmente, para el dominio de tierras aptas para el cultivo o como refugio fortificado que podía tener partes habitables.

Ya en la parte alta también vemos lo que podrían ser tumbas de varios tamaños aunque también podrían ser pequeños depósitos de agua.

Poco a poco llegamos a la cima del cerro, bueno, unos más rápidos que otras.

En la ladera oeste del cerro volvemos a encontrar escaleras talladas en lugares "raros".

A pesar de la poca altura del cerro, desde allí se dominaban todas las tierras de labor del entorno así como la posible llegada de extraños.

Otra roca tallada y en este caso sí que podría ser una tumba, ya que por el lugar donde se encuentra, es prácticamente imposible que pudiese recoger agua.

Y de nuevo los tonos pastel que cautivan.

Al sureste vemos Villamartín y el Castillo de Matrera (visitado en octubre de 2019).

A la derecha y en línea de horizonte vemos la Sierra del Aljibe en el Parque Natural de Los Alcornocales.

Volvemos por el mismo camino de subida al cerro, el día ha aclarado un poco y esto nos permite ver con más facilidad parte de la Sierra de Grazalema. La Sierra del Pinar con el Torreón (visitado en mayo de 2014), y a su izquierda el San Cristóbal en la Sierra de las Cumbres. A la derecha la Sierra del Endrinal (visitada en marzo de 2015).

Más a la izquierda la Sierra de Líjar (visitada en diciembre de 2013) y la del Gastor, con el Lagarín y Las Grajas (visitada en abril de 2015).

Volvemos a cruzar la CA-6100, saltamos el guardarrail y accedemos al paso bici/peatonal por donde llegaremos a Espera.

SOY ESPERA, ANTIGUA COMO OTRA TILE. En latín Tile sería Tule o Thule, de la que se habla en un poema de Virgilio (Geórgicas), y hace alusión a la última isla de la Tierra, por debajo del Ártico, un lugar paradisíaco donde vive una civilización armónica. Es la Thule de los clásicos.
Según los geógrafos grecorromanos "Thule" era un país situado en el más lejano norte. La Ultima Thule (en castellano ‘el norte más distante’), también fue mencionada por el poeta romano Virgilio en su poema épico La Eneida, y era la porción más al norte de Thule y se suele asimilar a Escandinavia.
No sé si tendrán algo que ver, pero es bonito elucubrar y buscarle un sentido más profundo al escudo.

Tras pasar por la entrada al pueblo por donde se ubica su gran escudo en piedra, y el Anfiteatro Municipal, vemos el Castillo de Fatetar, lugar a donde debemos llegar.

Y como la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta y tenemos una calle que parece cumple con la norma, echamos por ella. Se trata de la Calle del Cañuelo y Santo Cristo a continuación.

En la ladera del Cerro del Castillo, se encuentra una instalación permanente donde se monta un Belén viviente en Navidad, en estos días varios operarios andan adecentando el lugar, que se aproxima la fecha.



Y una toma que nos da una idea de lo inexpugnable que tuvo que ser el lugar.


Adosado al castillo y formando parte de él, se encuentra la Ermita de Santiago. Consta de una nave con bóveda de cañón y cabecera cubierta con bóveda de crucería. La portada presenta características barrocas, con vano flanqueado por pilastras sobre las que descansa un entablamento, coronado por un frontón roto, en cuyo centro se ha colocado un óculo.

La fachada se remata por una españada de doble cuerpo con avolutamientos flanqueando los vanos de medio punto en donde se alojan las campanas. En su interior se da culto a la venerada imagen del Cristo de la Antigua, interesante escultura de finales del siglo XVI,  y Patrón de Espera.

Fray Pedro Mariscal de San Antonio, fue un monje del convento jerónimo bornense, nacido en Benaocaz en el siglo XVII, y en 1731 escribió una pequeña enciclopedia bajo el título ‘Campos Elyseos Cristianos. Historia y antigüedades de Bornos y su comarca’.
Relata Fray Pedro Mariscal en relación al Castillo de Fatetar:
.....El mas decente cuarto del Castillo esta dedicado a Iglesia, en que se venera alguna milagrosa imagen de Christo nuestro Redemptor Crucificado. Es de vara, y quarta de alto, y se hallo en un algibe del Castillo, por un indicio de una luz que atales tiempos parecia sobre aquel sitio...

... Esta Iglesia se dedico, quando se gano la Villa, al Apostol Santiago, Patron de España..."

Lo más destacado es la escultura del Santísimo Cristo de la Antigua, Patrón de Espera, que es paseado por los espereños desde la Ermita hasta la Iglesia de Santa María de Gracia, el primer domingo de  septiembre y donde se celebran cultos en su honor durante toda la semana. Esta es una de las fiestas más antiguas de Andalucía.

A la derecha del altar se encuentra una talla moderna con la Virgen de la Paz, Patrona de Espera.



Y por último, cabe destacar en el lateral izquierdo de la capilla la existencia de una urna con las reliquias de San Prudencio, traídos desde el cementerio de San Calixto en Roma.

La ermita, además de la planta de culto, tiene otras estancias entre las que destaca la sacristía.

 Y lo que en su momento, fue la vivienda del santero custodio de la misma.



También se conserva un curioso muestrario de ex-votos, algunos de ellos muy antiguos y fechados a principios del siglo XIX.



Al castillo se accede a través de la puerta que vemos a la izquierda de la ermita.


Antes de entrar en el castillo nos volvemos a deleitar con unas vistas del pueblo.

Pascual Madoz, lo describe así:
El castillo, aunque antiquísimo de que queda hecha mención es obra de moros, con dos plazas, y a pesar de su antigüedad demuestra, por lo bien conservado, la solidez de sus triples murallas; cuando la invasión francesa fue rehabilitado por los enemigos que lo estimaban como una buena posición militar. En el día de hoy tiene derribada la cortina de la parte oeste, si bien conserva todo lo restante en buen estado, como igualmente sus grandes aljibes, dentro de su recinto se venera la famosa efigie del Santo Cristo de la Antigua". 
Pascual Madoz e Ibáñez (1806-1870) fue un político español, vinculado al Partido Progresista. Ministro de Hacienda durante el bienio progresista, presidiría en 1868 el Consejo de Ministros de España y la Junta Provisional Revolucionaria tras la caída de Isabel II. Es recordado por la desamortización de 1855, a la que dio nombre, y por su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar

No existe un consenso firme sobre los orígenes del Castillo de Fatetar. Algunos expertos defienden que sus cimientos son romanos, tesis corroborada por los fragmentos de cerámicas, monedas y restos encontrados. En la estructura actual todavía quedan restos muy evidentes de la construcción árabe, iniciada por Abderramán III en el año 914.

Algunos de ellos son la Torre del Homenaje, de forma cuadrangular, y una ventana ciega de forma ojival enmarcada en un alfiz.


Tampoco se sabe con certeza cuándo pasó a manos cristianas, aunque las teorías más aceptadas fijan la conquista a mediados del siglo XIII. Sus nuevos soberanos continuaron aportando elementos a la fortificación que sobreviven hasta hoy.

En el dintel de la puerta de entrada original vemos una roca con tres estrellas de seis puntas, de origen visigodo y realizadas probablemente durante la ocupación visigoda tras la caída del imperio romano.

Durante todo este periodo cumplió misiones defensivas. En el siglo XVI acabada la Reconquista, quedó abandonado, hasta que la invasión de las tropas napoleónicas desató la Guerra de la Independencia. Los franceses lo rehabilitaron en 1810 por considerarlo un enclave estratégico, pero al término de la guerra en 1814, sus instalaciones volvieron a quedar abandonadas. En 1984 comenzaron las obras de restauración.


Se accede al interior por una puerta de arco apuntado que da paso a un corredor en rampa. En el recinto principal, separado del resto del castillo por un ancho muro, se encuentra la torre del homenaje, de forma casi cúbica y las esquinas recortadas.

El tramo nordeste de la muralla está protegido por un profundo foso excavado en la roca. Hay indicios de que la explanada de la puerta de la ermita también estuvo cercada por una muralla.


Detalle de la barbacana que protegía la puerta de entrada. Bajo ella, la ventana ciega de origen árabe.

Dispone de dos aljibes, el más trasero tiene una entrada escalonada que permitiría ser visitable, pero han colocado recientemente una rejilla protectora, por lo que hoy día es imposible de ver.

Desde el castillo se domina todo el entorno, a las vistas ya citadas de las sierras de Grazalema, Gastor, Líjar y Ronda, ahora le unimos las de Montellano y San Pablo, el Castillo de Cote (visitado en febrero de 2019) y la Torre de Lopera.
Visitado el castillo solo nos queda dirigirnos hacia el cementerio y poner fin a la ruta.

No quiero terminar sin ofrecer mi más sincero agradecimiento a nuestra guía Ana, que nos dedicó toda una mañana en enseñarnos los lugares más emblemáticos de Espera. Sus explicaciones lo suficientemente metódicas para gente tan interesada en temas de historia como nosotros, pero sin llegar a abrumarnos con cifras, fechas y datos, nos hicieron pasar un día de lo más entretenido y gratificante y nos sirvió para comprender la gran importancia de Espera en la historia de España, un pueblo de Cádiz aún desconocido para muchos. Llevamos bastantes visitas guiadas en nuestros curriculums pero ninguna del nivel y atención como esta. Muchas gracias y un abrazo.


VISITAS COMPLEMENTARIAS:

LAS VISITAS AL CASTILLO DE FATETAR, ERMITA DE SANTIAGO Y MOLINO DE LOS DIEZMOS SON GUIADAS, SIENDO NECESARIO CONCERTAR LA VISITA CON LA OFICINA DE TURISMO DE ESPERA.

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.