viernes, 5 de junio de 2020

VALDEVAQUEROS-PUNTA PALOMA-ISLETA GRANDE (TARIFA) 2 JUN 2020

Saliendo desde la ensenada de Valdevaqueros esta ruta nos llevará a la playa de Isleta Grande en Punta Paloma en recorrido playero, para el regreso nos incorporaremos al Camino del Chaparral y Vereda de la Reginosa por donde regresaremos al punto de partida.

Este sendero conforma la etapa 31 de la serie "La costa de Cádiz", la mayor parte del recorrido ya lo hicimos en otras dos rutas por la zona, pero se me quedaron unos kilómetros costeros sin hacer y son los que motivaron la presente etapa.

Para un paso cómodo en el trayecto playero es necesario aprovechar los momentos de marea baja.

Dejamos el coche en: 36°04.205'N - 5°41.047'W
Distancia: 10,69 kilómetros.
Tiempo: 3 horas 56 minutos.
Dificultad: Fácil.

Podéis descargaros el track, clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/valdevaqueros-isleta-grande-punta-paloma-tarifa-1jun2020-50461579

Esta ruta tiene al menos cinco opciones de aparcamiento, en este caso y para variar los ya conocidos, dejamos el coche en las próximidades de las Casas del Porro. Y por un camino a nuestra izquierda nos dirigimos directamente a la playa.

A medio camino vemos una magnífica vista de la Sierra de San Bartolomé (visitada por última vez en marzo de 2017) y no podemos evitar tomarle una foto.

Esta ruta es mejor hacerla en sentido inverso a como nosotros la hicimos, dejando el tramo de playa para el final, pero por cuestiones del horario de maresas tuvimos que cambiar el sentido de la marcha y hacer primero el tramo playero. A pesar de lo brumoso del día allí a lo lejos podemos ver Tarifa y la Isla de las Palomas.

 La marca de la marea anterior nos indica que el agua está más alta de lo que habíamos previsto así que no podemos despistarnos demasiado so pena de encontrar alguna de las puntas de paso ya cubiertas de agua. Aunque de momento y hasta la punta de La Macotilla sabemos no existirá ningún problema.

Tampoco podemos evitar acercanos a la orilla del Río del Valle, a sabiendas de que al regreso pasaremos justamente por aquí. De unos 8 kilómetros de curso, nace en la cara sur de la Sierra de Saladaviciosa en el límite con el P.N. de los Alcornocales, y sigue un recorrido casi paralelo a la carretera N-340 hasta su desembocadura en la Ensenada de Valdevaqueros.

En la Punta de la Macotilla y semioculta por el cañizo encontramos la fuente de igual nombre. 

Esta punta es uno de los lugares que con marea casi alta ya tendríamos problemas para pasar sin mojarnos, pasamos cómodamente.

A lo lejos vemos la siguiente punta y la marca de la marea anterior. En esta estrecha franja de arena el agua ocupa el espacio rápidamente.

Tras sobrepasarla el ancho de arena aumenta.

Estas calas de La Macotilla son tristemente famosas por ser uno de los parajes más usados por los narcotraficantes y donde tienen lugar frecuentes incautaciones de drogas.

A lo lejos vemos la punta que delimita Punta Paloma por el este y un pequeño búnker en su parte superior. Allí ya llegó el agua, tendremos que ir pensando en una alternativa.

Y efectivamente la rompiente nos impide continuar por la costa por la que tendremos que sobrepasar el lugar por su parte alta. Tras rodear el entrante, volvemos a la arena.

Ya tenemos el búnker a tiro.


Punta Paloma también conocida como Punta de los Corrales está formada por un sinfín de pequeñas y solitarias calas de límpidas aguas.

Un segundo búnker nos indica que llegamos a la zona conocida como Isleta Grande otro paradisíaco lugar en este paraje de Las Palomas.

La orografía costera está extensamente erosionada, la composición de margas y areniscas conjunto con el fuerte oleaje y vientos de la zona provocan una intensa erosión de la pared litoral formando curiosas formas.

El agua de los cauces estacionales también provocan curiosas formas abstractas que nos hablan de fuerzas que generalmente nos pasan desapercibidas.

Aquella roca grande que vemos un poco a la izquierda será el fin del tramo playero, desde allí subiremos en busca del Camino del Chaparral.

Cuando pensábamos que habíamos solventado todos los puntos conflictivos de paso por culpa de la marea, llegamos aquí, hoy pasamos sin problemas pero viendo el talud formado es fácil intuir que en el próximo temporal esta parte perderá la poca arena que le ha quedado.

 Llegó la hora de dejar (temporalmente) la playa. WP SUBIDA.

Aprovechamos para dar un vistazo a lontananza, por allí vemos las Punta de Camarinal (visitada en octubre de 2017).

A nuestras espaldas la playa de Isleta Grande que nada tiene que envidiar a cualquier playa del sudeste asiático.

 Si no fuera por los fondos de coral yo diría que las nuestras son más bonitas.

 Bueno, le damos la vuelta al hito y continuamos por una vereda muy bien pisada.

Atravesamos el eucaliptal que llevábamos tiempo viendo.

Y llegamos a un posible paso conflictivo, todo está vallado y la única salida es continuar por el lateral interno del vallado, es un solar con pinta de poder ser edificado o tener dueño, el paso está franco pero parece una propiedad privada.

Subiremos dejando el vallado a nuestra izquierda, unos doscientos metros por encima ya vemos el camino. ¿Habrá paso?

Afortunadamente sí había paso. A nuestra izquierda el Camino del Chaparral, para la derecha, que es nuestra dirección la Vereda de la Reginosa.

Transitamos por las conocidas como Casas de las Palomas.

Pronto la arena se convierte en asfalto.

Pasamos por el antiguo destacamento de Paloma Baja. Aquí se ubicaba la Batería de Costa y Destacamento del RACTA nº4. disponía de 4 cañones Vickers y una dotación de unos 120 soldados, su actividad finalizó en 2001.
En Paloma Baja D2, se disponía de los cañones Vickers Armstrong modelo 1923, fueron diseñados por este fabricante inglés para su uso en buques acorazados, en 1926 fueron adquiridos y adaptados para su uso en tierra para la defensa de la costa. Tenían un calibre de 15,24 cms y eran más pequeños que los ubicados en Paloma Alta.

Los cañones Vickers tenían un calibre de 15 pulgadas (más de 38 cms) y su longitud es de más de 17 metros. Este que vemos está situado en el monte de San Pedro de La Coruña, tal era la complejidad y lo monstruoso de su disparo que entre 1933 y 1977, solo fueron disparados en 19 ocasiones. Disparaban proyectiles que pesaban 885 kilos a 38 kilómetros de distancia, vamos, una salvajada. Como estos eran los que había en el destacamento de Paloma Alta D3.

 Hace un calor de verano y aprovechamos una sombrita para tomar aire y de paso, ver entre pinos la Isla de Tarifa y un inmenso trasatlántico que pasa cerca. Este pinar está declarado como Zona de Especial Conservación (ZEC Estrecho) y forma parte de la mayor red coordinada de espacios protegidos del mundo, la Red Natura 2000.

Hace pocos días leíamos en la prensa que los vecinos del diseminado de Las Palomas andaban protestando porque se habían quedado incomunicados ya que la duna de Valdevaqueros se había comido la carretera, viendo la imagen no parece que la sangre llegase al río.

Estamos en la parte superior de la duna que está casi a nivel del asfalto. Frente a nosotros el parque eólico de la sierra de Enmedio (visitada en diciembre de 2018).

Y a su izquierda, la sierra de Fates.

Desde aquí podríamos bajar directamente por la duna y alcanzar la playa, pero ya os digo que aunque bastante más corto sería mucho más trabajoso que seguir por la carretera. así que no cambiamos nuestros planes y dejamos la aventura para un día de menos calor.

A partir de aquí en cuando vemos lo justificado de las protestas de los vecinos, varias palas mecánicas anda retirando arena que habían dejado la carretera enterrada bajo al menos cinco metros de altura. La duna había engullido totalmente la carretera.

En su momento esta zona estaba protegida por unas pantallas de madera, de las que aún podemos ver los restos, que fijaban la duna pero gracias a los ecologistas, siempre pensando en el ciudadano, pues consiguieron que dichos dispositivos fija dunas fueran eliminados, y ahora son los vecinos de la zona los que sufren las consecuencias, cada vez que hay temporal de levante, la carretera queda inutilizada y se quedan aislados, situación que se agrava en caso de necesitar asistencia médica urgente ya que las ambulancias no pueden llevar hasta el núcleo poblacional.

Esto parece como cuando Moisés separó las aguas del Mar Rojo, pero en arena. ¡Fijaos en la altura de la arena! .

 Tomamos el desvío hacia Valdevaqueros.

Y rápidamente llegamos al parking público oficial.

La playa de Valdevaqueros tiene algo más de cuatro kilómetros de longitud y puede dividirse en cuatro tramos en función de sus características. El primero sería junto a la cara este de Punta Paloma, constituído por nueve calas con taludes de fuertes pendientes. Es dónde están los búnkeres. Accedemos a la playa retrocediendo un poco para poder pasar al otro lado del río.

Y el merecido baño, tenía intención de hacer un "horizonte y vuelta" pero después de estos meses de inactividad, mejor solo unas brazadas.

 Y terminamos la ruta andando paralelos al río del Valle que nos llevará hasta el punto de partida.

Este rio es un espacio fluvial sobresaliente de unos ocho kilómetros de longitud, que se extiende desde la confluencia con el arroyo de los cuatro molinos o Arroyo de Juan Francisco, hasta el cruce de la N-340 con la de Bolonia y concluye donde estamos nosotros. En su cabecera presenta escasa entidad y la vegetación se limita a un cordón de adelfas y acebuches que se ve afectado puntualmente por los usos agrícolas de la zona. A medida que va recibiendo aportes hídricos de sus afluentes, como el arroyo de los Cuatro Molinos o Arroyo Juan Francisco, este espacio adquiere una mayor entidad, llegando a mostrar olmedas bien desarrolladas, acompañadas por acebuches y tarajes, además de un denso sotobosque de adelfas y zarzas.

En el tramo final, la influencia costera dibuja un espacio fluvial con predominio de tarajales, acebuches, lentiscos, palmitos y especies resistentes a la salinidad, como juncos y carrizos.

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

sábado, 9 de mayo de 2020

EL MONASTERIO DE LA CARTUJA DE CAZALLA (CAZALLA DE LA SIERRA) (10 ABR 2016)

La Cartuja de Cazalla de la Sierra (Sevilla), se encuentra situada a cinco kilómetros de la población, en un terreno levemente montañoso. Tiene su origen a fines del siglo XV, y es un magnífico ejemplo de los monumentales conjuntos arquitectónicos en los que se desarrolló la vida de la Orden de los Cartujos. Aunque su historia como monasterio cartujo concluyó en el siglo XVIII, la realidad actual de sus restos permite una aproximación a los momentos de mayor esplendor. Esta visita nos permitirá descubrir una de las grandes joyas desconocidas de nuestra querida Andalucía.

Señalar que el recinto es propiedad privada y en parte de sus instalaciones se ubica un hotel rural, no obstante la visita es mixta tiene una parte guiada donde nos cuentan todos los pornemores históricos del lugar así como alguna que otra anécdota y al finalizar la fase guiada pues podemos desplazarnos libremente y poder tomar fotos o mirar con más tranquilidad. Desde aquí agradecer ese detalle y la atención que recibimos por parte de nuestra guía. 

Dejamos el coche en el aparcamiento justo a la entrada en: 37º57.126N - 5º43.752W

El acceso al conjunto se realiza a través de una gran portada, de líneas clásicas, formada por dos pilastras toscanas que enmarcan un arco de medio punto. A su izquierda se sitúa la «casa del monje portero», mientras que a la derecha se localiza la «capilla de los peregrinos», una especie de «capilla de afuera», tradicional en todas las cartujas.

Esta colorida entrada no nos hace suponer la maravilla que tras ella se oculta. 

Es un recinto monumental de 9 hectáreas rodeado de otras 10 hectáreas de encinas, alcornoques y olivos. En ella se encuentra el monasterio cartujo que tiene 600 años de antigüedad, aunque en su estructura tiene vestigios moriscos del siglo VIII como la antigua mezquita convertida en sala capitular por los monjes. 
Parece ser que los primeros que se afincaron en este lugar fueron los fenicios que crearon la Ruta de la Plata y explotaron las minas del Cerro del Hierro (visitado en abril de 2016). Luego los musulmanes construyeron en el recinto denominado El Castillejo, una mezquita, un molino de aceite y un molino de harina de los que todavía quedan algunos restos. «Cuando se marcharon los musulmanes en el siglo XIV se conoce que Pedro I El Cruel, rey de Castilla y León, se hospedaba en El Castillejo cuando venía a la zona a cazar osos», nos explica nuestra guía.
En 1416 se instalaron los primeros monjes de la orden de los Jerónimos que construyeron el monasterio y sesenta años más tarde los relevaron los Cartujos que acogían a peregrinos de la Ruta de la Plata del camino de Santiago en la Casa del Peregrino, edificio en el que actualmente vive la familia propietaria.
 



Frente a la recepción encontramos una talla de un peregrino que parece darnos la bienvenida.

Durante 400 años los cartujos fueron ampliando el conjunto monumental y permanecieron allí hasta la desamortización de Mendizábal que supuso la expulsión de los monjes. El conjunto cayó en desuso y la gente del pueblo lo usó durante años como granja para el ganado y la iglesia sirvió de bodega para guardar el vino.
Siguiendo el eje de entrada al recinto, y distanciado de él, se encuentra el núcleo fundamental del conjunto. Éste se compone de una iglesia y tres claustros con las distintas dependencias y cronologías.
   
Adosado al muro derecho del templo se sitúa el claustro central. Éste, de planta cuadrada, estuvo en origen porticado, con seis pilares cada lado. En la actualidad, las galerías perimetrales se encuentran totalmente derruidas, conservándose únicamente los arranques de las bóvedas.

El Monasterio de la Cartuja de la Inmaculada Concepción que es su nombre completo, constituye una excepción al ser el único monasterio cartujo que se crea como filial de otro. Pensado como un lugar de esparcimiento y retiro de los monjes cartujos que se apartaban de las obligaciones que la metrópoli les ocasionaba, el prior de la de Santa María de la Cuevas de Sevilla, Fernando Torre, promovió y buscó un lugar adecuado para establecer un monasterio a tal fin. Tras el fallecimiento de dicho prior los monjes hispalenses lo solicitan mancomunadamente al Capítulo General de la Orden, que otorga licencia en 1476. Fue edificado por los monjes de la Orden de San Bruno, filial al de Santa María de la Cuevas (La conocida como Cartuja de Sevilla), comenzando sus obras sobre el año 1503, cuando los monjes covitanos fueron conminados a procurar los medios necesarios mediante misiva del Capítulo General.

Todo un sistema de galerías, cubiertas por bóvedas de arista, enlazan este claustro central con el gran claustro posterior, la parte trasera del templo y algunas dependencias del claustrillo.

 

La majestuosa espadaña, apoyada sobre el muro de la Epístola, es de notorios caracteres barrocos, decorada con esferas de azulejos y polícromos que en su momento debió ser un auténtico espectáculo.

Asimismo, son perceptibles vestigios de azulejos de Cuenca del siglo XVI y restos de pinturas murales gótico-mudéjares. Alrededor de este claustro se encuentran una serie de dependencias, como son la sala capitular, la antigua sacristía, sala «de Profundis» y el refectorio.
 

Mientras yo intento prestar atención a las explicaciones de nuestra guía, la juguetona no para y encima pone cara de buena cuando la pillo in fraganti.

A modo de bancos y taburetes vemos unas curiosas tallas en piedra.

 Con respecto al claustro grande, hay que indicar que es la zona más perdida del monasterio. De él se conservan algunos restos de bóvedas de crucería que cubrían las galerías. Todo el ámbito poseía celdas independientes, de simple traza.

Alrededor de este espacio se localiza la antigua iglesia (adaptada al uso de cocina), así como una serie de estancias que debieron corresponderse con las dependencias primitivas. 




El claustro pequeño, también conocido como «claustrillo», centralizaba las dependencias originales del establecimiento conventual. Obra de planta rectangular, conserva la base de los pilares y el arranque de los arcos, así como una fuente en su centro.



 Y la juguetona a la suyo, es que no para ¿como leches habrá subido ahí?


El templo presenta planta rectangular, con presbisterio, sagrario y sacristía. En su interior, la única nave se cubre por medio de bóveda de cañón con lunetos.
 

El presbiterio, por su parte, presenta una interesante bóveda nervada de raigambre gótica. Este espacio estuvo decorado por numerosas pinturas murales, hoy prácticamente perdidas.

El sagrario, que se dispone tras el presbiterio, se comunica con éste mediante dos puertas laterales y un gran vano central. Posee planta cuadrangular, y se cubre con una falsa cúpula con tambor apoyada en pechinas. Este espacio estuvo decorado por un completo programa iconográfico, hoy muy deteriorado.
En el costado izquierdo de la cabecera de la iglesia se localiza la sacristía, de la que tan sólo se conservan sus muros y los arranques de la bóveda que la cubría.


En algunas paredes podemos ver restos de la decoración original que se distinguen muy bien de las que han sido restauradas o repintadas de forma reciente.

 La gran cúpula central nos recuerda, salvando las distancias, a la cúpula de la Basílica de San Pedro de Roma.
 Bien pintada tendría que ser soberbia.

 Y evidentemente esta es la de la Basílica de San Pedro, bien pintada.

Por algunos rincones encontramos auténticas joyas en madera tallada.

 Todo el conjunto queda rodeado por una cerca, dentro de la cual también se incluyen varias albercas y acequias.

Con la invasión francesa en 1810 el monasterio es saqueado por las tropas invasoras y los cartujos cazalleros sufren su primera expulsión, regresando la comunidad en 1814 tras la guerra, recuperan las edificaciones e inician su rehabilitación.

Rodea al Monasterio la huerta, el molino aceitero y el estanque de la galapaguera, próxima a la primera capilla citada.

Con la desamortización de Mendizábal de 1836 los monjes fueron expulsados de forma definitiva. El conjunto cayó en desuso y la gente del pueblo lo usó durante años como granja para el ganado y la iglesia sirvió de bodega para guardar el vino.

Y así en el olvido la propiedad del monasterio fue pasando de manos en manos, hasta que una iniciativa privada compró el lugar y recuperó lo que hoy podemos ver.

Con un último paseo por los alrededores del monasterior ponemos fin a esta visita que nos ha supuesto todo un descubrimiento de un lugar maravilloso y cargado de historia que se niega a perecer víctima del olvido y del abandono por parte de las administraciones.


VISITAS COMPLEMENTARIAS:
Nacimiento y cascadas del río Huéznar (San Nicolás del Puerto)
El Rebollar y el Cerro del Hierro (San Nicolás del Puerto).

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.