miércoles, 19 de febrero de 2020

TAJOS DE MOGAREJO-MOLINO DE PINTADO (MONTELLANO) (16FEB2020)

Los Tajos de Mogarejo son una zona de gran valor paisajístico, declarada Monumento Natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que posee grandes escarpes de más de 30 metros de altura y que mantiene gran riqueza en especies vegetales destacando el algarrobo (Ceratonia Siliqua) como especie asociada a los primitivos bosques de encinas. 

El desfiladero que compone el Monumento Natural Tajos de Mogarejo se localiza en el cauce del arroyo Salado, afluente del río Guadaira. En sus orillas se forma un fresco bosque ribera con abundancia de tarajes, especies propias de ambientes salobres. El paisaje que se dibuja en las proximidades del arroyo conserva pequeñas manchas de bosque y matorral mediterráneos con especies como el algarrobo, el palmito o el romero.

El recorrido se completa con una visita al molino harinero de El Pintado y su doble palomar, datado en el siglo XIX y al puente de la Vera Cruz del siglo XVII.

Dejamos el coche en: 37°01.780'N - 5°36.488'W
Distancia: 9,56 kilómetros.
Tiempo: 4 horas 50 minutos (con generosa parada para comida y baño).
Dificultad: Fácil.

El coche se queda en la amplia explanada aparcamiento del antiguo Mesón San Sebastián, también conocido como Mesón del Salado. A nuestra derecha tenemos una escalerilla casi oculta que nos coloca directamente en el camino.

Este primer tramo lo hacemos por el Cordel de los Puertos a Montellano, una vía pecuaria de amplio arraigo popular.

El cordel discurre casi paralelo al cauce del Río Salado de Morón. Este río también es llamado arroyo Salado de Morón, es un corto río que nace en Puerro Serrano y desemboca en el Guadaíra que a su vez vierte aguas en el Guadalquivir. En este lugar que vemos converge y dona aguas el Arroyo de las Cañas.

Por aquí no debe haber llovido mucho, el agua está estancada en largos tramos de poca profundidad. A pesar de su nombre en sus resecas orillas no se atisba el menor rastro de cristalizaciones salinas en una cantidad lo suficientemente apreciable que nos justifique su nombre.

A lo largo del cordel veremos varios ramales que salen en dirección a los cortijos de la zona agrícola, recordemos que estamos en una zona tradicionalmente agrícola y en El Coronil se cultiva de forma mayoritaría, el trigo, el girasol y la remolacha. En lo alto de la loma vemos el Cortijo de la Ballestera.

El camino se bifurca y tomamos el ramal izquierdo, realmente daría igual, pasa que por el derecho tendremos que vadear en dos ocasiones el arroyo Salado y al menos en el segundo pase, nos mojaremos los pies, no hay pontón ni ningún paso "seco" alternativo, así que nos tendríamos que quitar las botas.

A nuestra izquierda otro cortijo, esta vez se trata del Rancho de José Noguerón.

Esta ruta no es demasiado recomendable para épocas de calor, sus primeros kilómetros están totalmente desprovistos de sombra, aunque por otra parte y debido a su corto kilometraje pues tampoco es preocupante.

Un giro brusco a nuesta derecha nos saca del Cordel de los Puertos. Existe la posibilidad de seguir este cortel y conectar por la zona de la Guirnalda con el arroyo y volver por el camino que nosotros haremos de ida y vuelta, tendríamos una ruta casi circular, lástima de que esto me percaté tarde y no lo pude preparar. Otro día será.

Una valla cerrada con cadenas y candado nos corta el paso, pero no hay problemas, existe un paso peatonal habilitado por la izquierda.

En Época Romana el arroyo Salado delimitaba los conventus o jurisdicción de Hispalis (Sevilla) y Gades (Cádiz). Al norte del mismo se encontraban los Callenses Aeneanici (Molino de Pintado al norte de Montellano), Salpesa (El Casar cerca de El Coronil) y Searo (La Cañada al sur de Utrera) en el hispalense, y al sur Callet (Montellano), Ugia (Torres Alocaz) y Nabrissa (Lebrija) en el gaditano. También es posible que toda la cuenca fluvial del Salado perteneciera al Conventus Hispalensis, y la del Guadalete al Conventus Gaditanus. A lo lejos y en línea de horizonte vemos la Torre de Lopera.

Ubicado en el término municipal de Utrera, la Torre de Lopera se encontraba en plena "Banda Morisca", junto a los castillos de Cote, Morón, Aguzaderas, El Coronil y la Torre del Bollo. Construido en el siglo XIV constituía una de las atalayas que defendería el reino de Sevilla con la frontera del reino de Granada. Su función principal sería la de vigía y apercibimiento de posibles incursiones nazaritas desde el valle del Guadalete. Junto a los castillos de Cote y Aguzaderas formarían un triángulo defensivo de vanguardia como primer punto fuerte antes de alcanzar otras plazas de retaguardia como Utrera y principalmente, Sevilla.

El cómodo camino se convierte en estrecha vereda a través de la que nos vamos introduciendo lentamente en la garganta del arroyo.

Esa vereda que vemos al frente sería el lugar por el apareceríamos si hubiésemos tomado antes el ramal de la derecha. A esta altura del cauce, el agua discurre cantarina lo que unido a que empezamos a disponer de algunas sombras dan un toque acogedor a este tramo.

El curso del Salado transcurre por rocas de areniscas y calcarenitas Estas últimas presentan un remoto pasado marino, al formarse por la compactación de restos de organismos de ese medio. Las sales de estas rocas han originado el apelativo que da nombre al arroyo, ya que aporta a sus aguas una ligera salinidad. 


Estamos llegando a la parte más estrecha de los tajos, en las paredes verticales y a pie del camino vemos rastros de numerosos desprendimientos, la erosión del terreno y la poca dureza de la roca arenisca tienen la culpa.

En las paredes erosionadas vemos unas formaciones más típicas de las zonas costeras, se tratan de los Taffonis, cavidades o huecos redondeados, de un tamaño desde pocos centímetros a varios metros, tallados por la erosión del viento principalmente.

Una segunda angarilla, más bien somier sirve para cerrar el paso a los animales sueltos, que por cierto no hemos visto ninguno y es extraño.

Nuevamente el arroyo se estanca en pozas poco profundas.

Hemos llegado al Molino de Pintado que recientemente ha entrado en rehabilitación, pero ahora parece una edificación moderna más que un molino con cientos de años de antigüedad.

El molino está rodeado de un vallado perimetral, para continuar el camino debemos pillar por la derecha del molino, dejando la valla metálica a nuestra izquierda, pero de momento vamos a cotillear un poco.


El molino lo componían varios edificios: sala de molienda y almacén, casa del molinero e incluso un palomar.

Se conserva en buen estado la entrada de agua procedente el cao a la zona de molienda.

La construcción más alta era la dedicada a palomar, a ojo de buen cubero contamos unos doscientos nidos, aunque aquí hace mucho no anida ni una paloma, cosa extraña por la apetencia que tienen estos lugares para la nidificación.

Trepo un poco para obtener una visual elevada del molino, por esta parte alta está la cantera de la que presumiblemente se sacaron materiales para la construcción de la Catedral de Sevilla, por lo que antaño fueron conocidas como Las canteras de la Santa Madre Iglesia, aunque esta cantera ya estaba en explotación en la época romana, prueba de ellos son las inscripciones encontradas en algunas de sus paredes. También fueron hallados basamentos de columnas, candiles, tinajas, ladrillos y otros objetos de barro cocido.

A la parte derecha del molino encontramos el Puente de la Vera Cruz.

Es del siglo XVII aunque algunas fuentes indican que se remonta a época romana, lo que sí parece ser cierto es que sus basamentos sí se apoyan en los restos de otro antiguo puente, tal vez el romano que debió existir en el lugar.

En uno de sus laterales vemos algunos sillares con toscos tallados.

Todo el cauce está comido por la vegetación y nos resulta imposible encontrar un ángulo desde el que obtener una fotografía limpia.


A pesar de su aparente estado ruinoso, realmente el piso es firme y consistente.

Desde el otro lado del puente, el molino presenta una bonita imagen.

Visto el molino y antes de continuar la ruta nos desviamos por la parte izquierda del vallado y vamos a intentar tomar un poco de altura a ver que se cuece y de paso dar un vistazo a un abrigo que nos parece ver en esa parte del cerro. Pasamos con cuidado procurando no pisar esta tupida alfombra amarilla con que nos obsequia el jaramago.

A media subida el molino se queda pequeño y la susurradora de gatos me mira como diciendo ¿dónde irá este pirao?

El haber refregado el ombligo contra la arenisca tiene su recompensa y a pesar del contraluz podemos ver el tajo por donde discurre el arroyo Salado.

Y allí más abajo el puente de la Vera Cruz.

Retornados al vallado del molino ahora sí pillamos por la parte derecha, dejando la valla a nuestra izquierda y continuamos la ruta, pronto llegamos al muro de contención del agua que circulaba por el cao o canal que desviaba el agua del arroyo hacia el molino.


Justo al final o principio del canal, según se mire, encontramos un cubo o pozo protegido por una empalizada.

Y tras ella, el azud, más bien lo que queda del azud que embalsaba el agua para poder ser desviada hacia el cao. Este es un magnífico lugar para reponer fuerzas, algo que hacemos tras darnos un buen baño en sus frías aguas, aún estamos en invierno pero me apetecía remojarme.

Pero antes del descanso haceemos una incursión exploratoria por una vereda que presumimos discurre cercana al cauce, a ver dónde nos lleva.


Esto nos permite tener nuevas vistas del cauce al mismo tiempo que espantamos a tranquilos galápagos en su retozar al sol.

Las rocas de estos tajos han sido utilizadas desde antaño como material para la construcción, de ahí la existencia de canteras, hoy abandonadas. Estos materiales se empleaban en las edificaciones de la comarca, existiendo constancia de su utilización en el Cabildo de la Catedral de Sevilla. Desde aquí podemos ver los cortes planos realizados en la cima del cerro, poco más abajo y fuera de la visión, es donde se ubica el molino. En esas paredes es donde se encontraban hace sesenta años las inscripciones de los canteros romanos que dejaron su firma "in memorian". Un día de estes iremos en su búsqueda.

Encontramos un primer bujeo con señas de no haber sido roturado en algunos años.

Una segunda planicie pone fin a nuestra prospección, una vez que un parroquiano que cogía espárragos nos confirma lo que pretendíamos "confirmar" que no era otra cosa que la existencia de un camino que comunicara con el Cordel de los Puertos a Montellano. De haberlo sabido antes hubiese diseñado una ruta circular que siempre es más entretenida. La duda se convirtió en certeza así que nos vamos a comer que ya va siendo hora.

Vamos aprovechando y acercándonos a cada oportunidad al cauce del arroyo que en este tramo se presenta muy abierto y libre de obstáculos, aunque con muy poca agua.

Nuevamente una alfombra amarillo ensoñadora hace que me pare a inmortalizar el avance de la primavera. Del jaramago existen numerosas variedades aunque en este caso creo que se trata de Diplotaxis virgata, es una planta de tallo recto y ramoso desde la base, hojas grandes y ásperas, de bordes algo dentados, flores pequeñas, amarillas, agrupadas en espigas terminales muy largas y fruto en vainas pequeñas y delgadas, casi cilíndricas, con muchas semillas que son el delirio de los jilgueros.

De regreso al azud damos buena cuenta de las viandas y tras un generoso descanso, iniciamos el regreso.

Obstruyendo parte del antiguo canal vemos numerosas rocas que se han ido desprendiendo con el paso del tiempo y la erosión, y mirando hacia las altas paredes, vemos desde donde cayeron, esos techos improvisados los tenemos casi sobre nuestras cabezas, aceleramos el paso no vaya a ser que que hoy toque caer otro pedrusquillo.

Vemos una roca tallada con un canal por donde debería pasar una compuerta que probablemente se utilizara para regular la cantidad de agua que llegaba al molino en momentos de máximo caudal del arroyo.

Efectivamente se trata de un aliviadero que permitía reducir el caudal de agua que fluía hacia el molino.

Eso parece un abrigo, otra paradita con trepada incluida para dar un vistazo.

El Cordel de los Puertos sigue igual de aburrido que esta mañana, y la Torre de Lopera sigue espectante añorando sus mejores momentos, cuando todos la miraban como el resguardo salvador ante el ataque del infiel.

Con una última foto del verde mar ponemos fin a esta corta pero entretenida salida.

Podéis descargaros el track, clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/tajos-de-mogarejo-molino-de-pintado-el-coronil-16feb2020-46793757
 
VISITAS ADICIONALES:
Visita al Castillo de las Aguzaderas (El Coronil).
Visita al Castillo de Utrera.

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

2 comentarios:

  1. Hoy 11 de Diciembre de 2021 hemos hecho esta ruta espectacular. Siguiendo tus indicaciones. Lástima que el río salado estaba seco, pero igualmente hemos disfrutado el camino.

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Gracias por tu visita.