martes, 15 de mayo de 2018

LAGUNA DE LA PAJA-PINAR DEL HIERRO (CHICLANA) 7 MAY 2018

En este sendero recorreremos dos enclaves tan fantásticos como desconocidos. En primer lugar veremos la Laguna de la Paja, un pequeño humedal estacional de unas 40 hectáreas y declarado Reserva Natural Concertada desde 1995 que se nutre casi exclusivamente del agua de lluvia, continuaremos el sendero dirigiéndonos al Pinar del Hierro, que estuvo a punto de desaparecer en las desaprensivas manos de los constructores de urbanizaciones, pero afortunadamente pudo reconducirse el tema aunque aún quedan trazas de lo que pudo haber sido uno de los mayores crímenes contra la naturaleza. Para evaluar la importancia de este pinar basta decir que en él podemos ver casi 400 especies vegetales, lo que representa un tercio del total de la provincia, de los que 23 son endemismos vegetales y 130 especies de invertebrados.

Distancia:6,53 kilómetros.
Tiempo: 2 horas 21 minutos.
Dificultad: Fácil.
Dejamos el coche en: 36º23.337'N - 6º08.134'W

El coche se queda en una explanada al lateral de la carretera de las Lagunas y de uno de los caminos al Pinar del Hierro.

Justo al otro lado de la carretera está el conocido como Callejón del Borreguito, el cual debemos coger.

Caminaremos por asfalto algo menos de 300 metros hasta llegar al Camino de los Montes Universales.

Alli comienza la sorpresa del día, en los márgenes el abundante Chrysanthemum coronarium o Glebionis coronarium.
Del centro de una flor nace una nueva corona de pétalos y de su centro, nace nuevamente otra flor completa.

Este fenómeno puede deberse a la "fasciación", también conocida como crestación o cristación. En esta siguiente anomalía parece como si dos flores se hubiesen unido entre ellas.

Esta anomalía puede ser provocada por una mutación en las células meristemáticas, por una infección bacteriana, ataques de insectos o parásitos o daño químico o mecánico. Algunas plantas pueden heredar esta condición, pero no representan un daño mortal para el ejemplar. En esta tercera flor afectada, la anomalía surge bajo la corona de pétalos, de la que salen otras dos flores y a su vez y desde una de ellas, vuelve a nacer otra flor con su tallo verde.

Seguimos el paseo dándole vueltas a las posibles causas de las aberraciones, pero esto no nos impide disfrutar de otras flores que encontramos por el camino, en este caso se trata de Hedysarum coronarium.

Y de Lotus creticus.

Nos acercamos a una casa abandonada tras un gran charco, sorprendemos en el mismo a un variado grupo de aves entre las que destacan un par de cigüeñuelas comunes (Himantopus himantopus), dos ánades reales (Anas platyrhynchos), un zampullín común (Tachybaptus ruficollis)​, y el más sorprendente, que salvo el posible error en la identificación ya que salieron por patas, mejor dicho por alas conforme nos acercamos, un ejemplar de Ibis Eremita. Pienso para mis adentros: Si todo esto vemos en un charco ¿qué nos deparará la laguna?

Seguimos viendo flores, en este caso el conocido como Pepinillo del Diablo (Ecballium elaterium).

Hace poco comenzamos a andar por un terreno baldío y vamos dejando una alambrada perimetral a nuestra derecha que poco más adelante se abre y nos permite el paso. Al frente ya vemos la zona dónde está la laguna.

La vista no para de irse de "flores" y no puedo evitar fotografiar a la popular Biznaga (Ammi visnaga).

Estamos en el perímetro exterior de la laguna. La Laguna de la Paja es un humedal cuya cubeta se ha formado por la erosión del viento en un área prácticamente llana. De poca profundidad, se colmata con aguas temporales de lluvia, alguna escorrentía y de un pequeño acuífero.

La parte central (verde oscuro) está ocupada por eneas (Typha domingensis) y bayuncos (Scirpus lacustris) y en las zonas no colonizadas por éstas, podemos encontrar la Filigrana Menor (Myriophyllum alterniflorun), una hierba acuática de la familia de las haloragáceas. Y algunas estrictamente acuáticas como los ranúnculus.

A pesar de las expectativas de poder observar algunas especies más de aves, no es posible, tal vez por la lejanía con la que pasamos o tal vez porque no las había en ese momento, sea como sea, lo único que conseguimos ver fue esta bandada que a pesar del zoom, no consigo identificar.

La laguna también se caracteriza por poseer algunos endemismos, tales como Armeria Gaditana, Eryngiun galioides o Frankenia boissieri.

Y más flores, un malvavisco rizado  (Lavatera olbia).


Tolpis umbellata.

Escobilla morisca (Scabiosa artropurpurea).

Vamos caminando por una zona adaptada, dos hileras de troncos marcan el camino por el que debemos pisar, pasa que el abandono de la zona y lo poco visitada que está, pues hace que este camino pueda pasar desapercibido.

En el tramo final del camino de la ruta correspondiente a la laguna (estamos haciéndola al revés, caso de entrar por la entrada principal, esta zona sería el comienzo), encontramos varios tramos de pasarelas que nos permiten pasar sin mojarnos y de paso servir de protección a los anfibios que por allí habitan.

A la postre, este será la única zona húmeda que podremos ver, aparte de la superada por las pasarelas.

Con un poco de paciencia podremos ver alguno de los anfibios que por aquí viven, entre los que destacan: el Gallipato (Pleurodeles waltl), es el mayor anfibio urodelo de Europa, un tritón que puede llegar a alcanzar los 30 cm de longitud. El tritón pigmeo (Triturus pygmaeus). El Sapillo Pintojo (Discoglossus galganoi), un endemismo ibérico que sólo podemos encontrar en Porturgal y parte occidental de la España peninsular. Y el Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes), habitual en charcas estacionales con fondos arenosos, se caracteriza por protegerse ante la falta de agua excavando un hoyo en la tierra y permaneciendo enterrado en él hasta que las condiciones climáticas cambian.

Thapsia villosa.

Una curiosa flor, parece la cara de un pirata con su sombrero característico. Se trata de Tetragonolobus purpureus. Fácil de encontrar en prados húmedos sobre suelos arcillosos del sur de Europa y norte de África.

Y como última flor de esta muestra de las que podemos encontrar en la laguna,  os pongo al Rapónchigo o Ruiponce (Campanula rapunculus). Planta utilizada como cicatrizante de heridas y como astrigente. Su raíz es comestible y se emplea como aperitivo en la preparación de ensaladas.

Hemos salido del entorno de la laguna y ahora nos toca andar por un carril que discurre paralelo a la carretera N-340,  en apenas un kilómetro llegaremos a los dominios del Pinar del Hierro.

Aunque este tramo está carente de interés, a mitad del mismo encontraremos un grupo de almeces (Celtis australis), árbol ornamental con unos frutos que encantan a los estorninos.

También tendremos una vista general del terreno ocupado por la laguna y zonas limítrofes.

Con mucho cuidado cruzaremos la carretera, esta vía tiene mucha circulación, en busca del camino de Juan Cebada.

En pocos metros, volvemos a pisar tierra, gracias a Dios. Un carril a la derecha nos introduce de lleno en el pinar.

El Pinar del Hierro-La Espartosa, tiene una superficie de unas 50 hectáreas y tiene una gran importancia desde el punto de vista botánico, baste señalar que aquí podemos encontrar casi un tercio de todas las especies en el conjunto de la provincia, algunas de ellas vulnerables incluso en peligro de extinción.

Para no aburrir, sólo pondré algunas de las especies que encontramos en nuestro camino. 
Cistus lanadifer.

Cistus crispus.

Ranunculus repens.

Cistus ladanifer subsp. africanus.

El Pinar del Hierro se caracteriza por sus amplios y paralelos caminos que lo parcela longitudinalmente.

Centaurea aspera.

Aristolochia baetica.

Entramos por uno de los seis accesos oficiales que tiene el pinar.

Thapsia villosa.

Omphalodes linifolia.

Iberis pectinata.

 Iris latifolia.

Llegamos a la zona de caleras. Los hornos de cal o caleras se utilizaban para obtener cal a partir de piedras, fundamentalmente calizas y calcoareniscas. Tenían unos cuatro metros de profundidad que se recubrían interiormente por un muro de piedra que se elevaba del suelo unos dos metros.

Las piedras que se querían transformar se disponían cubriendo interiormente la calera, colocando en la parte central el material combustible.

Una vez montada se recubrían de barro y se prendía por una puerta, manteniendose el fuego durante 48 horas.

Hemos tomado altura y esto nos permite convertir el pinar en un inmenso mar verde. A lo lejos izquierda podemos ver Medina Sidonia, al centro y en línea de horizonte la Sierra del Aljibe, pudiéndose distinguir sus tres principales alturas.

Llegamos al que llamo "Cerro de las aceiteras" , por algún motivo desconocido por mí, este desprotegido cerro tiene un alto poder atractivo para este insecto, conocido como Aceitera o Curita (Berberomeloe majalis). Se encuentran a decenas, mientras que en el resto del pinar, es muy extraño verlas y cuándo lo hacemos, son ejemplares solitarios o en pareja raramente.

De nuevo la inmensidad verde con esas cicatrices que son los caminos que la subdividen en parcelas.

Llegamos al Punto Mágico del Cerro de la Espartosa.

Desde el punto magico tendremos, probablemente, la mejor vista aérea de todo el lugar.

Sin esforzarnos muchos a lo lejos podemos distinguir: la Torre de Comunicaciones de Telefónica con sus 114 metros de altura, Cádiz y el Puente de la Constitución, la torre de alta tensión de Puntales, las grúas pórtico de Navantia Puerto Real, más cercano, Chiclana de la Frontera y su Ermita de Santa Ana.

Para volver al coche sólo nos queda bajar por este cortafuegos y pillar ese camino que vemos abajo hacia la izquierda.

Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/laguna-de-la-paja-pinar-del-hierro-chiclana-cadiz-7-may-18-24879789
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

miércoles, 9 de mayo de 2018

SALINA DE SAN RAMÓN Y LA PASTORITA (P.N. BAHÍA DE CÁDIZ-CHICLANA) 3 MAY 2018

Este sendero discurre por las salinas de la Imperial, San Ramón y la Pastorita, dentro del Parque Natural de la Bahía de Cádiz en el término municipal de Chiclana. Además de la infraestructura clásica de una salina podremos ver las de una explotación acuícola en producción, así como la fauna y flora típicas de marisma.

Distancia: 6,66 kilómetros.
Tiempo: 2 horas.
Dificultad: Fácil.
Dejamos el coche en: 36º25.553'N - 6º10.250'W

El coche lo dejamos aparcado justo en la entrada al conjunto salinero en la Calle Molino o Calle de Santa Cruz. Como vemos, esta entrada era común para el acceso a las salinas de San Pedro, La Imperial y la Pastorita, también para las instalaciones de la empresa de cultivos marinos, hoy abandonada, Amalthea.

Lo primero que nos llama la atención es una inmensa masa verde formada por plantas bajas de marisna, nunca había visto un macizo de casi tres metros de altura formado por Halimione portulacoides (verdolaga marina) y Limoniastrum monopetalum (salado).

A nuestra izquierda todo el laberinto de caños de la antigua salina y granja de cultivos marinos de La Imperial con un llamativo color verde, contrastando con lo que sería el habitual colorido amarillo, pardos y rojizos de estos biotopos.

Y a nuestra derecha y tras el antiguo cauce del río Iro, el Molino y la Casa de la salina de Santa Cruz. Lo que allí vemos es un antiguo molino de mareas del siglo XV, el Molino de Santa Cruz, también conocido como Molino Viejo. En Chiclana existieron cinco molinos de mareas, de los que actualmente se conservan dos. Eran los encargados de realizar la molienda, aprovechando la fuerza motriz del agua y las mareas. Hoy día ha sido transformado para otros usos.

Las marismas se constituyen por los aportes de sedimentos fluviales y marinos, y recorridas por una compleja red de caños y sometidos al régimen de oscilación de las mareas.

Las instalaciones de la Salina de San Cruz están totalmente perimetradas por un vallado, aún así podremos ver algunos de sus elementos. En este caso, una vieja barquita convertida en macetero de conveniencia, en este caso plantado con Ágave Americana o Pita Amarilla.

Y una moderna caseta en las próximidades de lo que creo es la compuerta principal de entrada de agua.

Los caños de entrada de agua de la Salina de la Imperial aún mantienen buen dragado, síntoma de que esta explotación ha estado en uso hasta hace poco, lo mismo sigue funcionando.

Las especies vegetales son las clásicas de marisma. Son plantas acostumbradas a una alta salinidad y elevada insolación, y algunas de ellas adaptadas a largos periodos de inmersión. Lás más conocidas son la sapina, el armajo, el salado y el saladillo.

Esta semana tiene altos coeficientes de marea por lo que el agua entra con fuerza en todo el entramado de caños y con ellas, también entran multitud de alevines que a la postre, eran las especies cultivadas en los esteros. Alevines que entraban con facilidad pero que luego y por el sistema seguido, les resultaba imposible salir. La alimentación que tenían (camarones, gusanas, almejas) así como la relativa alta concentración salina, son los que han dado fama mundial a los sabrosos "pescaos de esteros", doradas, lubinas, lisas o lenguados, al nivel del más alto y exquisito paladar.

También a nuestra derecha vemos los restos de un antiguo puente de madera que cruzaba el viejo cauce del río Iro. Al otro extremo, la también abandonada salina del Carmen de Bartivás.

En línea de horizonte, Chiclana en la que descatan la Ermita de Santa Ana y la Iglesia Mayor, de la que ya hablamos en esta entrada. En primera línea de foto, la junta de los ríos, dónde su unen el nuevo y rectilíneo cauce del río Iro, con el antiguo y más sinuoso.

A lo lejos izquierda, vemos una casa salinera reformada y tras ella y más visible, el actual centro de Interpretación y Museo de la Sal, dentro de las instalaciones de la Salina de Santa María de Jesús (visitada en mayo de 2018).

Nuevamente, los márgenes del camino rebosan de color gracias a los Chrisanthemun coronarium.

Al frente vemos la Casa de la salina de San José y San Enrique, al otro lado del río Iro.

Y multitud de jopos Cistanche phelypaea. Una planta que carece de clorofila y que para sobrevivir debe parasitar a un huésped.

El camino que discurre paralelo al caño, nos lleva directamente a esa caseta que vemos.


Como un un podium de ganadores, tres aliums permanecen impasibles.

Aunque no vemos a nadie, varios coches y el buen estado general de la construcción nos indica que la Casa de la Pastorita, está habitada.

Hemos entrado en los dominios de la Salina de San Ramón, una gran casa de madera con signos evidentes de ser un bar o restaurante, y con actividad reciente nos lo indica. Pero tampoco vemos a nadie, pero no tiene signos de abandono.

Y en uno de los márgenes de río Iro, un embarcadero también en perfectas condiciones. Me imagino a los posibles visitantes llegando en barcaza a la instalación y degustando unas cervezas fresquitas y unas doradas a la espalda a la brasa, pero todo está desierto.

Unas mallas anticormoranes protegen una zona de estero y los restos de algún desdichado pájaro enredados en ella.

La soledad del lugar no impide tener una gran belleza plástica. La Ulva lactuca o lechuga de mar, amarillea tras largos periodos en seco.

Un roto mosáico de azulejos muestra el nombre la empresa que explotó con cultivos marinos esta salina.

Y unas especies de bateas, dónde presumiblemente podrían tener lugar los depurados incluso engorde de almejas y otros moluscos. Construcciones similares he visto en Galicia y eran pasa eso.

El río Iro y su desembocadura en el caño de Santi Petri, que como mucho más motivo, también podríamos llamar río de Santi Petri. La otra orilla pertenece a San Fernando, más exactamente a las Salinas de San Pedro y San Judas (visitadas en octubre de 2014). En el horizonte, la ciudad de San Fernando, en las que podemos apreciar de derecha a izquierda, el Hospital de San Carlos, las Torres de la Casería, las torres de Colón, el Ayuntamiento y el Observatorio de Marina.

También nos sorprende un buen macizo de Lotus creticus o Cuernecillo de mar que compite por el espacio con otras tres especies, visibles en la foto.

El recorrido oficial volvería por el contorno de la salina de San Ramón, pero para alargarlo un poco, seguimos por la vuelta afuera en busca de la Salina de la Pastorita, lo que nos permite ver un sistema de compuertas más moderlo y de obra.

A nuestra derecha el Caño de Santi Petri, a nuestra izquierda los esteros de Amalthea.

Por momentos, la senda hasta ahora bien marcada, se pierde. Se nota que entre las intensas lluvias que hemos pasado y lo poco conocido y pateado de este recorrido, el camino parece difícil de seguir, aunque nada más lejos de la realidad, solo que hay mucha hierba y sobre todo, la reina de la marisma, con sus flores amarillas y blancas.

Podemos ver las estacas que refuerzan la parte exterior del muro de la Vuelta de Afuera, por este lugar combaten los vientos dominantes y se nota el esfuerzo humano por no sucumbir a sus embates.

Una compuerta doble, sin dudas es la principal y la que permitía mayor caudal de agua.

Por la vuelta de afuera terminamos de rodear la salina de la Pastorita y conectamos con el punto común del recorrido. A lo lejos vemos Gallineras a la derecha, al frente la playa de Camposoto y sobresaliendo un poco de la línea de horizonte el Centro de Visitantes de la Bahía de Cádiz, y a la izquierda la casa de San Nicolás en la salina de igual nombre. Y con esto acabamos la entrada.

Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/salina-de-san-ramon-y-la-pastorita-parque-natural-bahia-de-cadiz-chiclana-3-may-2018-24638555
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.