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miércoles, 22 de junio de 2016

PALACIO DE LA ALJAFERÍA (ZARAGOZA) (31 MAY 2016)

El Palacio de la Aljafería es uno de los monumentos más emblemáticos de Aragón. Reconocido internacionalmente por sus valores artísticos, este conjunto también destaca por haber sido uno de los escenarios clave en la historia y en la vida política de esta Comunidad Autónoma.
La edificación más antigua que hoy se conserva del conjunto es la Torre del Trovador, cuyos pisos inferiores datan del siglo IX y que fue integrada en el palacio musulmán levantado en el siglo XI por los Banu Hud, monarcas de la Taifa zaragozana. Este palacio es considerado en la actualidad como una de las cimas del arte hispanomusulmán. Tipológicamente, el conjunto se inspiró en los palacios omeyas del desierto del siglo VIII, rodeándose por un recinto amurallado de planta cuadrada con lienzos reforzados mediante torreones semicirculares. En el interior, el eje central en dirección Norte-Sur, alberga las construcciones residenciales del palacio taifal, de gran belleza ornamental. Allí se localiza el patio de Santa Isabel, de planta rectangular, a cielo abierto, con albercas en sus lados cortos y un pórtico que lo rodea precediendo las estancias. En el lado Norte se disponen los espacios más relevantes, como son el Salón de los Mármoles o Salón del Trono
La construcción del palacio de la Aljafería fue ordenada por Abú Ya´far Ahmad ibn Sulaymán al-Muqtadir Billah, conocido por su título honorífico de Al-Muqtadir, el poderoso, segundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, como símbolo del poder alcanzado por la Taifa de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XI. El rey en persona llamó a su palacio Qasr al-Surur, Palacio de la Alegría, y a la sala del trono que él presidía en recepciones y embajadas, Maylis al-Dahab, Salón Dorado. Es el único testimonio conservado de un gran edificio de la arquitectura islámica hispana de la época de las Taifas.

Su uso fue evolucionando con el paso de los años siendo remodelado, redistribuido y aumentada sus estancias según las necesidades del momento por lo que contiene en su interior numerosas estancias que corresponden a diversas épocas y manifestaciones artísticas: alcázar islámico hudí, palacio medieval mudéjar, palacio de los Reyes Católicos, cárceles de La Inquisición, cuartel militar y sede de las Cortes de Aragón.
Dejamos el coche en: 41º39.439'N - 0º53.941'W, explanada  en uno de los laterales del palacio.

La entrada al palacio la efectuamos por ese puente que permite sobrepasar el amplio foso que lo rodea. Antes de nada y para hacernos una idea global damos una vuelta exterior al palacio.

Vista desde otro ángulo. Aunque veáis muchos coches aparcados en las cercanías, son aparcamientos reservados para el personal que trabaja allí.



La torre más alta, esa que vemos a la derecha es la Torre del Trovador. Es la edificación más antigua de la Aljafería, torre defensiva, de planta cuadrangular y cinco pisos que data del siglo IX-X, en el periodo gobernado por el primer Tuyibí, Muhammad Alanqar, que fue nombrado por Muhammad I, emir independiente de Córdoba.

Su función en dichos siglos era la de torre vigía y bastión defensivo. Estaba rodeada por un foso. Fue integrada después por los Banu Hud en la construcción del castillo-palacio de la Aljafería. A partir de la conquista cristiana, siguió usándose como torre del homenaje y en 1486 se convirtió en prisión de La Inquisición. Como torre-prisión se usó también en los siglos XVIII y XIX, como demuestran los numerosos graffiti inscritos allí por los reos.

Se llama "del trovador" a partir de un drama de Antonio García Gutierrez que Guiseppe Verdi transformó en ópera en 1.853.

Lo primero que encontramos es el conocido como Patio de San Martín. Llamado así por ubicarse en uno de sus laterales la iglesia de San Martín aprovechando los lienzos del ángulo noroeste de la muralla, hasta el punto de que se usó uno de sus torreones como sacristía y dio nombre al patio que da acceso al recinto taifal.
De estilo gótico-mudéjar, consta de dos naves de tres tramos cada una, en origen orientadas al este y apoyadas en dos pilares con semicolumnas adosadas en la mitad de las caras del pilar que albergan el escudo de armas del rey de Aragón que es ya de la primera década del siglo XV.

Las bóvedas de estas naves, de crucería simple, se alojan sobre arcos apuntados, en tanto que los diagonales son de medio punto. En los vértices de las bóvedas aparecen florones con los escudos de armas de la monarquía aragonesa. De su decoración solo se conservan fragmentos del recubrimiento pictórico y unos arcos inspirados en el palacio musulmán.
Resalta en el exterior la portada mudéjar de ladrillo referida con anterioridad, construida en tiempo de Martín I el Humano y abierta en el último tramo de la nave sur.

A través del patio anterior accedemos a lo que probablemente sea uno de los patios musulmanes más bonitos que podamos ver. Se trata del Patio de Santa Isabel, un espacio abierto y ajardinado en torno al cual se reunía todo el antiguo palacio taifal de lo que hoy es el palacio. Construido a cielo abierto y con dos albercas en sus extremos, su estructura gira alrededor de un patio rectangular.
Toma su nombre en honor a la infanta Isabel de Aragón y Sicilia, nacida allí y venerada como Santa por la Iglesia Católica. Hija del rey Pedro III el Grande se convirtió en reina consorte de Portugal por su matrimonio con Dionisio I el Labrador y fue madre de Alfonso IV el Bravo.

La arcada que se contempla mirando hacia el pórtico sur está restaurada mediante el vaciado de los arcos originales que están depositados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y en el Museo de Zaragoza. Suponen el mayor atrevimiento y distancia por su innovación con respecto a los modelos califales de las arquerías del lado norte.
Estas que vemos forman parte del triple acceso al Salón Dorado también conocido como el Salón de Mármoles y era la principal estancia del Palacio.


En el extremo oriental del pórtico de entrada al Salón Dorado, se encuentra una pequeña mezquita u oratorio privado para uso del monarca y sus cortesanos. A ella se accede a través de una portada que acaba en un arco de herradura inspirado en la Mezquita de Córdoba pero con salmeres en forma de S, una novedad que imitará el arte almorávide y nazarí.

Se ha conservado la alberca original del sur, mientras que la del frente septentrional, del siglo XIV, se ha cubierto con un suelo de madera. La restauración intentó dar al patio el esplendor original, y para ello se dispuso una solería de placas de mármol en los pasillos que rodean al jardín de naranjos y flores.


Estamos ante la portada de época de Martín I el Humano. Nos abre paso a la iglesia de San Martín, aprovecha los lienzos del ángulo noroeste de la muralla, hasta el punto de que se usó uno de sus torreones como sacristía y dio nombre al patio que da acceso al recinto taifal. Dicha capilla consta de dos naves de tres tramos de bóveda de crucería y gracias a la aparición de restos de policromía en sus muros podemos saber que estuvo cubierta de pinturas.

A comienzos de 1486 la zona del Patio de San Martín se destina a sede del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición y se habilitan dependencias aledañas al patio para alojar a los oficiales de este organismo. Es probable que sea este el origen del uso como prisión de la Torre del Trovador. Es por ello que Felipe II decidirá, más adelante, transformar el edificio en una ciudadela amurallada con foso intermedio, como se ha conservado hasta la actualidad. Si embargo, será en el siglo XVIII cuándo se convierta en cuartel militar para alojar tropas, debido a la Guerra de Sucesión, provocando profundos cambios en la disposición de las estancias.
Como torre-prisión se usó también en los siglos XVIII y XIX, como demuestran los numerosos graffitis inscritos allí por los presos.


En los últimos años del siglo XV los Reyes Católicos ordenan construir un palacio para uso real sobre el ala norte del recinto andalusí, configurando una segunda planta superpuesta a la del palacio existente. La edificación rompía las partes altas de las estancias taifales, donde se insertaron las vigas que sustentarían el nuevo palacio.
Las obras están fechadas entre 1488 y 1495 y en ellas siguieron participando maestros mudéjares, como Faraig y Mahoma de Gali, que, al igual que sucedió con Pedro IV (Yucef y Mohamat Bellito) mantuvieron la tradición de alarifes mudéjares en la Aljafería.
Al palacio se accede subiendo la escalera noble, una monumental construcción integrada por dos amplios tramos con pretiles de yeserías geométricas caladas iluminada por ventanales de medio punto decorados con hojas y tallos de raigambre gótica e influencias mudéjares, rematados en croché sobre la clave de los arcos.

Corredor de acceso a las salas nobles del Palacio de los Reyes Católicos. A la izquierda, portada de la entrada principal.

Destaca la portada principal de acceso al salón del trono: de arco rebajado trilobulado, guarnecido con un tímpano de cinco lóbulos, en cuyo centro aparece representado el escudo de la monarquía de los Reyes Católicos, en el que figuran los blasones de los reinos de Castilla, León, Aragón, Sicilia y Granada, sostenido por dos leones tenentes. El resto del campo decorativo se acaba con una delicada ornamentación vegetal de factura calada. Toda la portada está trabajada en yeso endurecido, que es el material predominante a cara vista en los interiores de la Aljafería, pues los artesanos mudéjares perpetúan los materiales y técnicas habituales en el Islam.

Una vez recorrido el espacio de la galería, se disponen varias salas que anteceden al gran Salón del Trono, que son denominadas «salas de los pasos perdidos». Se trata de tres pequeñas habitaciones de planta cuadrada comunicadas entre sí por grandes ventanales calados con celosías que dan al patio de San Martín, y que servían de antesalas de espera para quienes iban a ser recibidos en audiencia por los reyes.

El otro elemento destacable son sus excelsas techumbres estilo mudéjar-reyes católicos, constituidas por tres magníficos taujeles de carpinteros mudéjares aragoneses. Estos techos presentan retículas geométricas de madera posteriormente tallada, pintada y sobredorada con pan de oro, entre cuyas molduras ostentan los conocidos motivos heráldicos de los Reyes Católicos: el yugo, las flechas y el nudo gordiano unido al clásico lema «Tanto monta» así como un buen número de florones de hojarasca rematados con piñas pinjantes.

Más complejo y difícil de describir es la suntuosidad del techo que cubre el Salón del Trono. Sus dimensiones son muy considerables (20 metros de longitud por 8 de anchura) y su artesonado está sustentado por gruesas vigas y traviesas que se decoran con lacerías que en las intersecciones forman estrellas de ocho puntas, al tiempo que generan treinta grandes y profundos casetones cuadrados.
En el interior de estos casetones se inscriben octógonos con un florón central de hojarasca rizada que rematan en grandes piñas colgantes que simbolizan la fertilidad y la inmortalidad. Este techo se reflejaba en el suelo, que reproduce los treinta cuadrados con sus respectivos octógonos inscritos.

En el friso que rodea todo el perímetro del salón, aparece una leyenda de caligrafía gótica que reza:
Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex, principum optimus, prudens, strenuus, pius, constans, iustus, felix, et Helisabeth regina, religione et animi magnitudine supra mulierem, insigni coniuges, auxiliante Christo, victoriosissimi, post liberatam a mauris Bethycam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus construendum curarunt, anno salutis MCCCCLXXXXII.
La traducción de esta inscripción es:
Fernando, rey de las Españas, Sicilia, Córcega y Baleares, el mejor de los príncipes, prudente, valeroso, piadoso, constante, justo, feliz, e Isabel, reina, superior a toda mujer por su piedad y grandeza de espíritu, insignes esposos victoriosísimos con la ayuda de Cristo, tras liberar Andalucía de moros, expulsado el antiguo y fiero enemigo, ordenaron construir esta obra el año de la Salvación de 1492.
También nos encontramos con un tapiz con el Escudo de Aragón. Dicho escudo atestiguado en su disposición más conocida en 1499, se compone de los cuatro cuarteles.
Tres de sus cuarteles gozan de antigüedad anterior.
El Árbol de Sobrarbe (primer cuartel) recuerda las luchas de los montañeses del Pirineo Aragonés Oriental.
La Cruz de Iñigo Arista trae al recuerdo las luchas de los montañeses del Pirineo Aragonés Occidental. Rememorando la vinculación de Aragón y Navarra.
La toma de Huesca en 1096 por Pedro I y por su hermano (futuro Alfonso I El Batallador) con la ayuda de San Jorge a caballo. Da lugar a la representación del tercer cuartel. Una cruz roja donde aparecen colocadas una a una las cabezas de cuatro reyezuelos.
El cuarto cuartel las Barras de Aragón. Cuatro palos de gules sobre campo de oro. Señal Real de los Reyes de Aragón.

Hoy día en el Palacio de la Aljafería se ubica la sede de las Cortes de Aragón.

viernes, 17 de junio de 2016

PASEO POR EL CASCO HISTÓRICO DE CALATAYUD (31 MAR 2016)

Agradable paseo por el casco histórico de Calatayud. Perderse por sus estrechas y solitarias calles nos transportarán al siglo pasado.

Su origen data de 1131, cuando el rey Alfonso I, una vez otorgado el fuero que le pidieron los pobladores, puso bajo su jurisdicción un amplio territorio como era costumbre, entonces, en el caso de las villas foralengas. El núcleo urbano y las aldeas de su jurisdicción formaron una comunidad como las de Daroca, Teruel y Albarracín. La Comunidad se inscribía en la cuenca del Jalón.

En primer lugar recorreremos parte de la ribera del río Jalón, uno de los principales afluentes del Ebro, para posteriormente introducirnos a través de la Puerta de Zaragoza en la parte antigua, bueno antigua y vieja, sorprende ver como en plena plaza de España, las casas están apoyadas unas en otras en espera de un desenlace triste y previsible.  Las corrientes subterráneas y los terrenos de yesos y calizas muy permeables y en constante fluctuación han provocado el movimiento de los cimientos y con ellos, del resto de la estructura. Estas casas solariegas de estilo aragonés que rodean la plaza de España de Catalayud son un símbolo arquitectónico de la ciudad y si nadie lo remedia, más pronto que tarde sólo pervivirán en nuestra memoria.

Calle a calle iremos llegando a la Colegiata del Santo Sepulcro, Santa Maria la Mayor, Puerta de Terrer y su fuente de 8 caños y como no, al nombrado Mesón de la Dolores, hoy convertido en una mezcla de taberna, museo y hospedería, pero que sin dudas, conservan ese espíritu de la antigua posada.

Probablemente la guinda de la visita la pondrá la visita al Santuario de la Virgen de la Peña, abre sólamente un mes al año (mayo) y por mor del destino, nosotros estábamos allí el último día de mayo y no podíamos desaprovechar esa oportunidad, impresiona su gran estado de conservación, bien cuidado (se nota el cariño puesto por la mano que lo cuida) y sus hermosas pinturas y capillas.

Dejamos el coche en las inmediaciones de la plaza de toros: 41º21.278'N - 1º38.222'W
Distancia: 4,47 kilómetros.
Dificultad: Fácil.
Tiempo: 3 horas 30 minutos.

La plaza de toros conocida como el Coso de Margarita construida en el año 1877 es nuestro punto de partida. Ha sufrido numerosas reformas con el paso del tiempo pero conservando su aspecto original.

En primer lugar tomamos la avenida Barón de Warsage y nos dirigimos en busca del río Jalón, uno de los principales afluentes del Ebro y con merecida fama de truchero.

Un parque nos abre paso al río.

Nos sorprende la oscuridad de sus aguas, probablemente debido a las recientes lluvias.

El Jalón tiene una longitud de 224 kilómetros, nace en el manantial Fuente Vieja, situado a las faldas del cerro Monteagudillo (Sierra Ministra) en el término de Benamira (Soria).

Una vez que el Jalón ha atravesado Calatayud, en el punto en que el río Ribota desemboca en él, en Villalbilla, próximo a Huérmeda y según nos adentramos en el puerto de Campiel, la vega del río se encajona más y más hasta crear las Hoces del Jalón. Los escarpados y elevados barrancos y cortados impresionan a todos los visitantes. Dicha visita queda apuntada en nuestra agenda intemporal en espera de cuadrarlas en una futura escapada.

A nuestra izquierda iremos dejando el cerro de Ayyub dónde su ubica el castillo, que también pretendemos visitar por la tarde. 

Un poco de zoom nos permite ver en la pared rocosa numerosas cuevas tapiadas y dotadas de puertas, con síntomas de seguir siendo usadas.

Vamos camino de la conocida como Puerta de Zaragoza que nos abrirá paso al casco histórico y nos sorprende la Iglesia Ortodoxa Rumana, financiada con el presupuesto del ayuntamiento socialista, sorprende ver como este partido tan crítico con los católicos y sus iglesias y tan proclamadores de su agnosticismo, pierde el culo cuándo se trata de apoyar y financiar otras religiones.


Rápidamente llegamos a la Puerta de Zaragoza, anteriormente llamada Puerta de Somajas o Somalíes, fue construida en el año 1818 por orden de Luis Carpintero. Junto a la de Terrer, es una de las puertas que conserva la ciudad.
Esta puerta está flanqueada por dos torreones de planta cuadrada. Su emplazamiento está próximo a la colegiata del Santo Sepulcro, ofreciendo el conjunto un aspecto pintoresco.

La Colegiata del Santo Sepulcro es un edificio protogótico que sustituyó al original de estilo mudéjar del que sólo se conserva el claustro, esta iglesia con una interesante historia. Llamada así por haber pertenecido a la Orden del Santo Sepulcro. Dicha Orden fue creada en 1098 por Godofredo de Bouillón, duque de la Baja Lorena y Protector del Santo Sepulcro, tras la victoriosa primera cruzada, es reconocida como la Orden más antigua del mundo.
Su objetivo primordial fue proteger el Santo Sepulcro de los infieles con la ayuda de 50 caballeros, tras la toma en 1187 de la ciudad santa de Jerusalen por los musulmanes de Saladino, la Orden se trasladó a Europa y se extendió por países como Polonia, Francia, Alemania, Flandes y España dónde comienza su relación con Calatayud.

La iglesia está construida casi totalmente en ladrillo, excepto el basamento y las portadas de sillería, en la fachada se abren tres puertas que dan acceso a cada una de las naves. La central más alta, tiene en el tímpano un relieve en piedra caliza que representa el Entierro de Cristo. Las laterales se rematan por la cruz patriarcal. El segundo cuerpo es rectangular, con un gran óculo central y rematado por un frontón triangular coronado por tres pináculos.Dos torres flanquean ésta fachada, constan de tres cuerpos de planta cuadrada y un remate octogonal con chapitel cónico de pizarra.

Palacio de los Villa Antonia. Una auténtica maravilla sus policromías y labrados en madera de la techumbre, desgraciadamente le queda poco de vida, el abandono en que está sumido se cobrará su canon.

A través de la calle Sancho y Gil llegamos al famoso Mesón de la Dolores. Aunque viendo la fachada no lo parece, en su interior se ha respetado la distribución clásica de las antiguas posadas por lo que representa un claro ejemplo para conocer algo tan emblemático en España como sus antiguas hospederías.

La antigüedad de éste edificio data del siglo XV. Se encuentra en la antigua Plaza Mesones y fue usado hasta el siglo XIX como posada y posteriormente se deterioró hasta que en 1993 el Ayuntamiento de Calatayud y el Gobierno de Aragón decidieron darle el uso actual (restaurante, hospedería y también museo). Se trata de una casa con portalón adintelado con vigas de madera y dos balcones en la primera planta y una segunda con balcón corrido.

La leyenda de la Dolores dice que tras arruinarse, ella se tuvo que poner a servir en una posada, y como era una chica de gran belleza, algún hombre se encaprichó con ella, pero le negó abrazos y roces íntimos, y el pretendiente, que debía tener facilidad para componer coplillas, le hizo una que deshizo la honradez de nuestra Dolores. Dolores fue un personaje real, falleció el 12 de agosto de 1894 en el Palacio de los Marqueses de Altamira, situado en la calle Flor Alta, 8, bajo (Madrid) y fue enterrada en el cementerio de La Almudena.
La figura legendaria de La Dolores, asociada con Calatayud, se conoce en el mundo entero.

El Museo de la Dolores se ubica en las caballerizas y bodega del mesón que lleva su nombre. En él se revive la historia de este personaje, de la cual hay muchas versiones.

Llegamos a la plaza de España también conocida como plaza del Mercado. Esta plaza es de origen medieval aunque las casas actuales con sus soportales de columnas, datan del siglo XVI. Las columnas fueron traídas de las ruinas de Bílbilis. Además del mercado diario, antiguamente zoco árabe, también se celebraban todo tipo de actos sociales y acontecimientos.

A los edificios que rodean la plaza se les llama “casas de balcón corrido” porque parece que fuera un único balcón que da la vuelta a la plaza.
Otra peculiaridad de las casas de la plaza es que se podían vender con “derecho de servidumbre de paso” o no. Esto era que aunque se vendiera la casa, las familias mantenían un derecho a seguir utilizando la balconada para ver los acontecimientos desde ella. Por ello, los nuevos habitantes de las casas hacían unos ventanucos en el mismo balcón para poder ver ellos.

En una de sus esquinas está la Casa Consistorial y la Oficina de Turismo, se trata de la antigua Lonja, es un edificio renacentista, del siglo XVI la parte baja y del siglo XVIII la segunda planta, muy modificado todo el conjunto en el siglo XIX. La obra de sillería no se limita al zócalo, como es normal en Calatayud, sino que constituye toda la fachada de la primera planta, con tres arcos de medio punto, si bien los laterales fueron desfigurados.

El suelo de Calatayud, está compuesto principalmente por yesos y calizas, materiales muy permeables, que facilitan que se realicen en él con frecuencia simas, lo que no le permite tener consistencia. Esto repercute directamente en las edificaciones. Favorecido además por la proximidad al río Jalón, que va penetrando por permeabilidad en el yeso hacia el interior, socavando el subsuelo. Como el suelo va cediendo por lo que hemos explicado anteriormente, hay zonas de Calatayud, como la Plaza de España, donde podemos ver que las casas han cedido y están todas inclinadas, sujetándose unas con otras, por eso la imagen de los balcones inclinados que da la sensación de que se van a caer las casas. Cosas que sin dudas ocurrirá más pronto que tarde.


En la plaza de Santa María encontramos la Colegiata de igual nombre. Construida por Alfonso I sobre una antigua mezquita. Del templo original mudéjar de los siglos XIV-XV solo se conserva el claustro, la torre octogonal y el ábside. La torre con sus 68 metros de altura es la más alta de Aragón.

La colegiata fue escenario de las primeras Cortes de Calatayud en tiempos del rey Pedro IV, jurando en ella los fueros de la ciudad el emperador Carlos y el rey Felipe III.

Especial mención hacemos a su magnífica portada del siglo XVI realizada en alabastro del vecino Fuentes de Jiloca y  tallada por la maestros Juan de Talavera y Esteban de Obray. Entre los S.XVII y S.XVIII se realizan otras obras, posiblemente relacionadas con la idea de conseguir  que fuese elevado a la dignidad catedralicia, que le dan la fisonomía actual. Por  Real Orden de 1884 fue declarada Monumento Nacional, ordenandose la restauración de la portada, que se cerró con una verja.

Acabamos de sobrepasar la Puerta de Terrer. Construcción renacentista posterior a 1580. Consta de dos torreones semicilíndricos construidos en ladrillo y rematados en tejadillos cónicos. Están unidos por un arco sobre el que descansaba el "Ángel de la Ciudad", desaparecido en la segunda mitad del siglo pasado, hoy día hay un balcón y una representación del ángel sobre cristal.

A ambos lados del ángel existen dos escudos de armas, uno de la ciudad de Calatayud y el otro de la Casa de los Austria.


Justo al lado, está la Fuente de los 8 Caños, datada en 1598 es de estilo manierista. Se articula en dos cuerpos con un entablamiento en cuyo friso reza una inscripción que parece ser una variante de un versículo de Isaías. En la parte alta hay un escudo en alabastro. Inicialmente era de forma acodada, dejando los dos caños laterales, reservados para el verdugo de la ciudad y personas infames.

Detalle de uno de los caños.

Continuamos nuestro paseo y al final de esta calle vemos la estatua del Sagrado Corazón, a su lado se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Peña.

Al que accederemos a través de la conocida Cuesta de la Peña.

A media cuesta nos encontramos un mirador desde el que empezaremos a tener buenas panorámicas de la ciudad.



El Santuario de Nuestra Señora de la Peña se levanta en un promontorio donde se asentaba uno de los cinco castillos del recinto fortificado islámico de Calatayud. Es precisamente esta estratégica situación el motivo de su azarosa historia arquitectónica. Según la tradición, tras la conquista de la ciudad por el rey Batallador una estrella brilló sobre el castillo musulmán que aquí se emplazaba y allí se encontró debajo de una campana una imagen de la Virgen que se llamó de “La Peña”, tal vez por conocerse entonces con esta denominación esta fortificación islámica. De la pronta instauración del culto nos da fe el hecho de que hacia 1180 la parroquia fue elevada al rango de colegiata con prior y doce frailes de la regla de San Agustín. En 1187 Alfonso II el Casto les ratifica sus propiedades y les nombra al mismo tiempo capellanes reales. De este primitivo templo nada se sabe, es posible que se habilitasen algunas estancias del castillo o que se levantase una iglesia románica.

En su entrada existe un amplio mirador desde dónde tendremos magníficas vistas del entorno.

En lo alto del cerro de la derecha podemos ver la Ermita de San Roque.

Y por supuesto la ciudad, destacan las torres de las Basílicas del Santo Sepulcro y Santa María y la Iglesia de San Juan.

Este Santuario sólo abre al público durante sólo un mes del año (mayo), por lo que será durante dicho mes cuándo tengamos la oportunidad de verlo por dentro. La suerte hace que hoy sea 31 de mayo así que para adentro.


Resultó una gran sorpresa el encontrarnos una Iglesia tan bonita y bien cuidada.

Se tratase de uno u otro, en 1343 se inician las obras de un nuevo templo en estilo mudéjar. Para acelerar su construcción el obispo de Tarazona concede en 1347 indulgencias a quienes den limosnas o hagan prestaciones personales en las obras que se terminarían hacia 1350. Pocos años después, en 1362, durante la guerra de los dos Pedros, las bóvedas quedaron arruinadas por la artillería del rey castellano, rehaciéndose en el reinado de Martín I.  
      
En 1629, por bula del Papa Urbano VIII, el cabildo de la colegiata de la Virgen de la Peña queda unido al de Santa María. El prior Juan Bitrián Pujadas intentó por todos los medios impedir dicha unión sin conseguirlo, llevándose a cabo la misma en 1632.        
Al quedar el templo sin culto, el Ayuntamiento bilbilitano, de acuerdo con las autoridades eclesiásticas, lo entrega a los Clérigos de San Francisco Caraciolo que se hacen cargo del mismo hasta 1835.

Del edificio mudéjar se conservan la cabecera, las capillas laterales y la tribuna. Dentro de este espacio la decoración de la capilla lateral izquierda del ábside es a base de celosías, y muy similar a las existentes en el convento de San Benito. La capilla lateral dedicada a San Francisco Caraciolo posee bóveda de crucería cuyas plementerías se hallan por completo cubiertas por yeserías talladas con motivos decorativos propios del lenguaje gótico pero articulados al modo hispanomusulmán de ritmo repetitivo; así, aparece en cada plemento un motivo diferente, y entre las cardinas del friso de separación entre el muro y la bóveda aparecen leones muy expresivos.




La bajada la realizamos por la llamada Escalera de la Peña desde dónde tendremos privilegiadas vistas del Sagrado Corazón, desgraciadamente será imposible acercarse más, el monte ha sido asaltado por numerosas antenas de telefonía habiéndose cerrado el lugar para protegerlas, algo nunca visto por mí en ningún lugar del mundo que un bien público tenga uso privativo sin ningún tipo de alternativa.

Vamos ya de regreso cuándo nos sorprende esta portada que nos obliga a tirar una última foto, un azulejo reza "Iglesia de Dominicas". Sin dudas es un fragmento de un antiguo convento desgraciadamente ya desaparecido, no he podido encontrar información sobre él, aunque sí es conocido que la congregación de las Dominicas llegó a la ciudad en 1616 procedentes de Ariza, localidad donde se habían instalado hacía unos años y la cual abandonaron, por desavenencias con el marqués del municipio. Tras su llegada a Calatayud ocuparon el convento de San Antonio Abad, que fue demolido en 1975 y del que solo queda parte de la fachada principal como recuerdo. La siguiente, y última, ubicación de las hermanas fue el convento de San José, situado en el camino de las Cruces. Puede que esta fachada sea la que pertenecía al citado convento de San Antonio Abad o tal vez la del Convento de San José.
 
Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13699580
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.