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domingo, 19 de junio de 2016

CIUDAD ROMANA DE BÍLBILIS (CALATAYUD)(31 MAY 2016)

Conocido en tiempo de los romanos como Municipium Augusta Bilbilis, la ciudad romana de Bílbilis está a unos cinco kilómetros de Calatayud y fue promocionada a municipio por el emperador Augusto diseñándose como una ciudad escaparate que transmitía a los indígenas el progreso que suponía la adopción de la cultura romana. Por ello, su urbanismo y principales edificios eran visibles desde toda la comarca.

Se extiende por las cimas y laderas de los cerros de Bámbola (709 m), San Paterno (701 m) y Santa Bárbara (629 m), abarcando una extensión aproximada de 30 hectáreas, con una elevación media de unos 200 m sobre el nivel del río Jalón que discurre a sus pies circundándola en su mayor parte. Desde su dura y abrupta topografía se controlan los accesos a la Meseta, o lo que entonces era lo mismo, a la Celtiberia, de ahí su incuestionable valor estratégico de control territorial. 

Distancia: 3,56 kilómetros.
Dificultad: Fácil. 
Tiempo: 1 hora 30 minutos.
Dejamos el coche en: 41º22.882'N - 1º36.686'W

Dejamos el coche en el aparcamiento del Centro de Interpretación.


Es indudable la situación estratégica de la ciudad, desde aquí se domina el paso hacia el norte. Allí enfrente tenemos el Castillo de Ayub visitado hace un rato.


Es posible llegar hasta aquí en coche, así que si queréis andar un poco menos, sólo hay que seguir la pista hasta este lugar.

La ciudad se estructuró al modo romano convirtiéndose en el centro político, administrativo, económico y social de un amplio territorio, manteniendo el privilegio de acuñar moneda hasta el reinado del emperador Calígula. Para ello se dotó de costosos edificios públicos como el foro, el teatro o las termas para lo que fueron necesarias complejas obras de adaptación del terreno.

La ciudad romana se edificó sobre la Bílbilis indígena cuya fama en la fabricación de armas y en la cría de caballos ya fue mencionada por autores clásicos como Estragón en su Geographica y Plinio El Viejo en su Naturalis Historia. Su esplendor se produjo en el siglo I y primera mitad del siglo II, iniciándose a partir de entonces una progresiva decadencia  hasta quedar abandonada en el siglo V.

En los siglos XII-XIII algunas zonas de la ciudad, principalmente el foro, fueron ocupados por un pequeño poblado medieval. Las ruinas de la ciudad muy pronto atrajeron la atención de viajeros y eruditos como Juan Bautista Labaña que en el Itinerario del Reyno de Aragón de 1611 describe las ruinas de la ciudad y especialmente su teatro.

La monumentabilidad de sus edificios hizo que durante la Edad Media y Moderna se convirtiese en una inagotable cantera de materiales de construcción empleados en numerosos edificios de Calatayud.

El foro se construyó al igual que el teatro dentro de un costoso programa de monumentalización de la ciudad, convirtiéndose en el elemento central de su vida cívica. Inaugurado hacia el año 28 d.C por el emperador Tiberio, sufrió modificaciones durante la época flavia y antonina. Comenzó su declive en el siglo III cuándo fue despojado de sus mármoles y transformado sus edificios en almacenes y viviendas.
En los siglos XII-XIII y con la reocupación medieval se aprovechó el criptopórtico para alojar una pequeña iglesia junto a la que se situaba una necrópolis. Posteriormente, templo, basílica, curia y pórticos fueron expoliados para emplear sus materiales en la construcción de Iglesias, conventos y palacios de Calatayud. 
Fue situado sobre una gran terraza artificial entorno al cerro de Santa Bárbara, pensado para ser contemplado desde el valle. de ahí que no se ubicase en su lugar habitual que era la zona central de la ciudad, estando decorados con ricos y vistosos conjuntos escultóricos que fueron quemados en época bajoimperial y medieval para obtener cal.

Desde el foro podemos apreciar el teatro. 

El Barrio Central, conocido desde antiguo como el "Campo de los Camafeos" se encuentra próxima al foro y al teatro, reuniendo las viviendas de las clases más acomodadas. Actualmente se pueden apreciar una superposición de estructuras correspondientes a las distintas fases de ocupación


De la más antigua se ha conservado el atrio o tal vez el peristilo de una vivienda de época augustea, aunque no existe confirmación de lo mismo debido a lo limitado de las excavaciones.

La vivienda fue modificada sobre el siglo I d.C. transformándose su estructura y añadiéndose una cisterna de gran tamaño.


Paralela a estas estructuras encontramos una calle de la que se ha conservado parte de la acera y de la calzada, realizada en losas de caliza. Corresponde a uno de los ejes principales de la ciudad, posiblemente el cardo maximus que uniría la zona de las termas con el foro.


Bílbilis contó con un proyecto de acueducto que nunca llegó a finalizarse y cuyos escasos restos conservados pueden observase hoy día en el lugar conocido como "Los Arcos", a tres kilómetros al oeste de la ciudad.

Esta carencia se subsanó con la construcción de una compleja red de cisternas realizadas en opus caementicium (hormigón) distribuidas por todo el yacimiento. Actualmente se conservan 68 pero los cálculos realizados permiten establecer que su número superó el centenar.

Están adaptadas a las cotas del terreno y en su momento estuvieron conectadas por tuberías de plomo y cerámica, hoy desaparecidas, encargándose cada una de ellas del suministro de agua a varias domus.

El agua era captada de manantiales subterráneos situados en las laderas superiores del cerro en dónde se ubica la denominada "Fuente del Maestro" o "Fuente del Pastor" así como del agua de lluvia.

El complejo termal estaba situado en la parte media alta de la ciudad en una de las laderas del cerro de Bámbola, siendo un claro ejemplo del nivel de vida alcanzado en la ciudad. 

Las termas de Bílbilis corresponden al modelo denominado "provincial" o de recorrido único-lineal, conservando todas las estancias propias de un complejo termal. Se accede por una escalera que da paso al Apoditerim (vestuario), estas hornacinas estaban dispuestas para guardar la ropa de los usuarios mientras hacían uso de las termas, desde aquí se pasaba al Frigidarium (sala fría).

A continuación se accedía al Tepidarium (sala templada) y a continuación al Caldarium (sala caliente) que contaba con un pequeño Labrum o fuente.

Las termas contaban con un moderno sistema de calefacción dispuesto sobre un Hypocaustum del que se ha conservado sólo el horno.

El edificio restaurado en los años 80 del siglo XX corresponde a su fase II, fechada a mediados del siglo I d.C. durante los reinados de Claudio o Nerón, momento en el que se amplió el espacio de algunas estancias y se modificó el recorrido original, al tiempo que se modificaron parte de las instalaciones de calefacción y agua caliente vinculadas a la fase I de época Augustea cuyo recorrido era inverso, según se desprende de la aparición del hipocaustum bajo el apodyterium actual.

A finales del siglo II o principios del III sus instalaciones ya estaban en desuso, recuperándose los materiales para ser reutilizados en otras construcciones.


El Barrio de las Termas ubicado a pies del cerro de Bámbola es un claro ejemplo de urbanismo privado desarrollado en Bílbilis. Está constituido por tres viviendas edificadas en terrazas en cuya zona inferior se desarrolló un frente comercial de varias tabernae (tiendas) de entre las que destacó una popina (tienda de comidas). Su edificación aterrazada confería a la ciudad un peculiar aspecto escalonado al adaptarse sus viviendas a la orografía del terreno.

Nuevamente nos acercamos al teatro, pero esta vez desde el lado de enfrente. El teatro de Bílbilis, símbolo de romanidad, se edificó al igual que el foro, dentro de un costoso programa de embellecimiento de la ciudad .

Se convirtió en el elemento central de su vida social y de ocio, sin olvidad la función religiosa como lo demuestra el sacellum o templo dedicado al culto imperial que presidía todo el conjunto. Pensado para aproximadamente 4.500 espectadores, su carácter trasciende de lo local para convertirse en el principal edificio de reunión de la región y ejemplo de la política edilicia de Roma en los territorios conquistados.

El Teatro estaba comunicado con el Foro a través de pórticos y escaleras, no obstante, su construcción fue posterior, hacia mediados del siglo I en época del emperador Claudio, ya en desuso en el siglo III, además de la quema de objetos decorativos para la obtención de cal, a partir de la Edad Media los sillares de la escena fueron empleados en la construcción de numerosos edificios de Calatayud, especialmente en el denominado como Castillo de Doña Martina. En el Museo de Calatayud se conservan parte de los capiteles corintios que formaban parte del frente escénico que vemos en la imagen.


Para su construcción se aprovechó el barranco existente entre los cerros Bámbola y Santa Bárbara, siendo necesario construir un gran muro de cierre de 8 metros de altura y 5 de anchura sobre el que se edificó el scaena frons o escena teatral dispuesta en dos pisos con 22 columnas cada uno, decoradas con los citados capiteles corintios.
Tal importancia se le dió al Teatro que fue decorado con mármoles de las mejores canteras del imperio (Carrara, Túnez y Grecia).

Cae el sol y tenemos que dar fin a este intenso día así que volvemos al coche por el camino más corto sin resistirnos a dar un último vistazo a este yacimiento aún a medio excavar ¿quién sabe cuántos tesoros quedan aún por descubrir?

Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13725528
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

sábado, 18 de junio de 2016

RECINTO FORTIFICADO DE CALATAYUD (31 MAY 2016)

El recinto fortificado islámico de Calatayud es uno de los ejemplos más antiguos de arquitectura militar andalusí. Calatayud fue un punto estratégico entre Zaragoza, Toledo y Córdoba. Por ello fue la principal fortaleza islámica y puesto de control del área del medio y bajo Jalón. Su construcción se data entre los siglos VIII y IX, documentada en el año 862, durante el emirato de Muhammad I. Se conservan cinco de los castillos que formaban este conjunto.
El recinto fortificado consta de: la muralla; una alcazaba llamada Castillo de Ayud o Plaza de Armas; una albacara interior llamado Castillo de la Torre Mocha también conocido como Cocción del Moro; el llamado Castillo de la Peña que contiene la ermita de Nuestra Señora de la Peña; el Castillo de Don Álvaro y el Castillo de Doña Martina; El Castillo del Picado y la Lonjía. En uno de estos lienzos de muralla se conserva una Puerta Emiral del siglo IX, restaurada en 1981.
Los edificios más antiguos comparten las características islámicas como estar construidos en tapial, el uso de falsos arcos, bóvedas de aproximación de hiladas y el empleo de bóvedas de cañón para cubrir estancias cuadradas.

Distancia: 2,72 kilómetros.
Dificultad: Fácil.
Tiempo: 1 hora 20 minutos.
 Dejamos el coche en: 41º21.644'N - 1º38.677`W

Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13707925

El coche se queda en una explanada a pies del recinto y en un espacio ex-profeso. Tradicionalmente el origen árabe de Calatayud se vincula con Ayyub, emir de Al-Andalus en el 716, del cual la ciudad tomaría su nombre Qal'at Ayyub o fortaleza de Ayub

Vista frontal del recinto.
1.- Castillo Real o del Reloj Tonto.             5.- Castillo Mayor o de Ayyub.
2.- Castillo de la Peña.                              6.- La Longía.
3.- Castillo de Doña Martina.                     7.- Puerta Emiral.
4.- Torre Mocha.

El Castillo Mayor o de Ayyub es de grandes dimensiones, unos 100 por 50 metros aproximadamente y construido con fábrica de tapial y piedra. Se compone de dos recintos amurallados y varias torres. El estado de conservación es de ruina aunque algunos elementos fueran construidos en el siglo XIX por las tropas francesas. En las cercanías se conserva la denominada puerta emiral de la época del emir Muhammad I, en arco de herradura.

Su reconstrucción de manos de Abd al Rahman ibn Abd al Aziz, gobernador de Calatayud y a instancias del emir de Córdoba se remonta al 862, fue residencia de los gobernadores de la ciudad y cuenta con torres de defensa octogonales con cubierta de bóvedas, cúpulas superpuestas y acceso a través de escaleras intramurales o exteriores.

El castillo Mayor o de Ayyub tiene dos recintos, el bajo al norte y el alto al sur, mirando a la ciudad. En los extremos hay dos torreones con planta octogonal.

Estas instalaciones fueron objeto de contínuas reformas a lo largo de su historia. También se conserva un aljibe y los restos de otro. Destacan las de la época taifa y almorávide, ya en época cristiana las del siglo XIV durante las guerras de Aragón y Castilla. Fueron también importantes las obras defensivas realizadas durante las guerras Carlistas del siglo XIX.

Una rampa con algo de pendiente nos lleva a la escalinata de acceso al castillo.

Segunda torre octogonal.

Originalmente este acceso también sería una rampa que posteriormente se convirtió en escalinata para una más cómoda subida.

A nuestra derecha vemos el Castillo de la Torre Mocha que se compone de un recinto amurallado más una torre de planta octogonal e importante desarrollo en altura, construido en mampostería.


Con un poco de zoom.

En el siglo XIX y durante la guerra de la Independencia el Castillo Mayor fue utilizado por las tropas francesas que lo adaptaron al uso de las armas de fuego y según las crónicas fueron expulsados del mismo por el guerrillero Durán. En las guerras carlistas el recinto fue transformado para el uso de la artillería.

Una aspillera remozada en tiempos pretéritos. La aspillera es una abertura vertical, estrecha y profunda, practicada en algunos muros o murallas defensivas, así como en las torres de los castillos o incluso en algunas almenas, para permitir disparar flechas

Hacia el este está el recinto de la Longía, dónde se guardaba el ganado.

Una de las torres octogonales y detalle de los lienzos recubiertos durante el periodo de la Guerra de la Independencia.

Continuación de la muralla hacia la izquierda.

El Castillo de doña Martina es el único que usa grandes bloques de piedra, aunque otras partes están realizadas en mampostería. Tiene planta ovalada, adaptándose a la loma en la que se encuentra; se aprecian los muros del amurallamiento exterior, así como los arranques de torres y otras fortificaciones.

Un poco de zoom.

Por detrás de la Longía, está el castillo de la Peña que se encuentra situado en el extremo suroeste del conjunto, enlazado históricamente por las murallas con las demás fortificaciones. Del castillo propiamente dicho únicamente queda la planta y algunas cámaras excavadas en la roca y que constituirían los sótanos de la fortaleza, ya que fue arrasado, seguramente durante el siglo XII y definitivamente en el XIV, para construir encima de él la iglesia de la Virgen de la Peña. Este templo responde así a dos momentos constructivos: uno del siglo XII, fecha de su fundación y el del XIV en el que se reforma el conjunto, dándole su apariencia actual en estilo mudéjar.

El recinto intermedio en la parte más oriental del cerro de Ayyub fue constantemente reforzado durante la Baja Edad Media y las Guerras Carlistas (1833-1876). Durante la Guerra de los dos Pedros (1356-1369) que disputaron Pedro I "El Cruel" de Castilla y Pedro IV "El Ceremonioso" de Aragón Calatayud fue conquistada por los castellanos y las defensas de la zona sureste quedaron muy dañadas siendo reparadas de forma rápida y en varias fases.


De los aljibes solo se conserva uno en relativo "buen estado".

Esta es la Torre Oriental. Durante las Guerras Carlistas esta zona fue rellenada para permitir colocar piezas de artillería. Las excavaciones arqueológicas permitieron recuperar esta torre, semejante a la Torre Albarrana pero de menor tamaño. Bajo la pasarela de acceso se pueden ver algunos restos de la murallla islámica.



Desde la parte baja, la torre octogonal del extremo oriental impresiona, y si encima nos imaginamos a un montón de tios con mala leche tirándonos flechas, piedras, etc... desde las alturas pues podemos imaginarnos lo cruel que tuvieron que ser los asedios y asaltos al castillo.









Todo el monte está lleno de refugios y oquedades con evidentes síntomas de haber sido utilizados en tiempos pasados y no tanto.







Nos costó trabajo pero al fin encontramos una vista aceptable del Castillo Real. Actualmente se compone de una muralla que lo rodea en su totalidad. Entre sus restos distinguimos cámaras y escaleras excavadas en la roca de yeso.
El Reloj Tonto es uno de los elementos identificativos de la localidad zaragozana de Calatayud. A pesar del nombre, no es un reloj. No consta de maquinaria alguna que mida el tiempo, pero sí de campana, sin más, pero no suena si alguien no la toca.
Se supone que de ahí le viene lo de Reloj Tonto. El caso es que de antiguo llega la tradición, porque desde hace siglos al castillo en el que está dicha campana se le conoce como Castillo del Reloj. En la actualidad, su función es la de anunciar las fiestas patronales -por eso se le oye estos días- y, en ocasiones muy especiales, tocar a celebración.
A lo largo de la historia tuvo otros usos. Cuando se oía el tañir de esta campana, los bilbilitanos sabían que ocurría algo especial, unas veces fiesta, otra la advertencia de algún peligro colectivo. La campana en cuestión es veterana. Se halla en la explanada que corona el viejo castillo, curiosa construcción labrada en pleno cerro y completada con muros para reforzar la estructura y elevarla sobre el terreno. Desde la puerta de este fuerte hasta su explanada superior se sube por un estrecho y empinado pasillo: 51 escalones en total. (Bibliografía: http://www.calatayud.es/turismo/ficha_visitar/los-castillos).

Vamos terminando el recorrido programado y de nuevo tenemos una de las torres del Castillo Mayor a nuestra vista.

Y el lugar de partida. Aquí acabamos la visita.

Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.