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jueves, 14 de enero de 2021

SALINAS DEL TROCADERO-PUENTE DE CARRANZA (PUERTO REAL) (13 ENE 2021)

En esta salida vamos a caminar por unos de los lugares más desconocidos del Parque Natural de la Bahía de Cádiz y más llenos de historia,  el entorno del caño del Trocadero y aprovecharemos para llegar  hasta las mismas raíces del puente José León de Carranza en su parte portorrealeña.

Podremos ver chorlitejos, cigüeñuelas, avocetas, correlimos, agujas, flamencos y espátulas y vegetación típica de marisma, rememoraremos antiguas batallas y sobre todo conoceremos la Isla del Trocadero y las Casas del Consulado, un lugar que durante una época se convirtió en el  centro neurálgico del comercio con América y que ahora languidece víctima del abandono.
 
Esta ruta conforma la etapa 8 del periplo "La Costa de Cádiz".

Distancia recorrida: 5,39 kilómetros.
Tiemplo empleado: 1 hora 45 minutos.
Dificultad: Fácil.
Dejamos el coche en:  36° 31.129'N - 6° 13.571'W
 
El coche se queda en un lateral de la pista de inicio.

Este camino discurre dejando la salina Victoria del Trocadero a nuestra izquierda.

Tras un kilómetro aproximadamente el amplio camino gira hacia las instalaciones del Club del Trocadero que veremos al regreso y continuamos por una veredilla entre vegetación típica de marisma. Nuestro primer objetivo es acercarnos todo lo posible al puente José León de Carranza.

El puente de Carranza mide 1.400 metros y aunque el proyecto original de construcción provenía de 1928, siendo alcalde de Cádiz Ramón de Carranza ideólogo del proyecto, no fue hasta 1966 y tras innumerables "dimes y diretes" cuando comenzaron las obras, siendo inaugurado en octubre de 1969.
 
Caminamos encajonados entre la autovía CA-36 a nuestra derecha y el Caño del Trocadero, a nuestra izquierda.

Al otro lado del caño se ubica la conocida como Isla del Trocadero, en cuyo extremo occidental vemos los restos del Fuerte de San Luis y algún construcción más moderna sobre ellos. Este fuerte constituía un conjunto integral de fortalezas junto con los castillos de La Matagorda (también en tierras portorrealeñas) y de Puntales (sito este último ya en la propia ciudad de Cádiz) hasta comienzos del siglo XIX.
 
Esas tres estructuras fortificadas de eminente carácter defensivo contaban con un sofisticado y muy avanzado (para el siglo XVIII) sistema de obstrucciones (fijas y móviles) y bloqueo para la navegación, sistema que probaría impidiendo la salida a mar abierto de las diversas unidades navales francesas al mando del almirante Rossilly en 1808; al mismo tiempo, el fuego cruzado de las piezas de artillería en ellas instaladas habría de suponer una barrera infranqueable para quien intentase acceder al saco meridional de la bahía desde el exterior de la misma (una barrera que, de hecho, no sería nunca superada).
 
Sus estructuras, aún por estudiar y en la actualidad en ruinas, fueron escenario del asedio a Cádiz en el transcurso de la Guerra del Francés (1808-1813) y de la batalla de Trocadero de la que luego hablaremos. Con un poco de zoom podemos ver perfectamente el muro perimetral que rodeaba la edificación.
 
Este lugar me trae recuerdos de mi niñez, justo en este lugar que vemos, mi padre y su amigo Jose Mari Picardo (d.e.p.d. ambos) construyeron un mini embarcadero con el que podían acceder al bote que tenían para salir a pescar y por aquí correteaba mientras ellos con la única ayuda de mazos y sus brazos iban clavando uno a uno, los troncos que a la postre servirían para apoyar la pasarela que discurría sobre ellos ¡quién sabe si algunos de estos puntales que vemos clavados fueron colocados por mi padre hará unos 50 años!

Aunque aún no lo sabemos, este paso será la única pequeña dificultad que encontraremos hasta llegar al puente, es más seguro pasar por la parte baja pero con la pleamar probablemente no sea posible.

Este último tramo hay que hacerlo por la escollera o por el talud que vemos a nuestra derecha, sea como sea, se pasa bien.

Llegamos al lugar previsto pero la marea vacía nos deja ver la posibilidad de seguir algo más, así que pasamos bajo el puente.

El puente dispone de 25 hiladss de columnas con 5 pilotes cada una y hasta la construcción del Puente de la Constitución, fue el segundo acceso que unía por tierra Cádiz con el resto del continente europeo, el único existente hasta entonces fue la N.443 a través de San Fernando.

Una curiosidad de este puente es que entre los diferentes proyectos estudiados estuvo a punto de ser cambiado por un túnel submarino que hubiese discurrido entre los 12 y los 24 metros bajo el nivel del mar y hubiese sido el precursor de lo que más tarde fue el túnel bajo el Canal de la Mancha que une Francia con el Reino Unido.

Hemos llegado al punto "non plus ultra", pegados a la valla limítrofe de los astilleros tenemos que dar la vuelta.

Tras volver sobre nuestros pasos llegamos a la altura de las Casas del Consulado en la Isla del Trocadero (que de alguna u otra forma tengo que visitar, no sé como la haré, pero tengo que pasear por ella).
El Caño del Trocadero es una referencia histórica desde tiempos de los romanos y un fondeadero emblemático en el comercio con América, también el lugar del asedio francés a Cádiz, un hito tan importante para el gabacho que incluso dieron su nombre a un paseo, plaza y jardines de París. pero no es un paseo cualquiera, es el ubicado justo a los pies de la Torre Eiffel. Vista de dichos jardines de lo alto de la Torre Eiffel (imagen obtenida de wikipedia).

Allí se tambien se ubica una salina, la salina del Consulado que en su mejor momento, dió trabajo a más de mil personas de diferentes poblaciones y sus productos tenían fama internacional. Desde la crisis salinera de los años 70 del siglo pasado quedó en el abandono habiendo empezado a peligrar tanto la isla como su marisma que tiene un delicado equilibrio regulado por compuertas para garantizar la lámina de agua vital para el ecosistema y para las aves que emigran a África, allí nidifica el águila pescadora y unas colonias de espátulas y flamencos y es zona de invernada de un gran número de aves de alto interés ecológico. 
 
 
Pero si por algo destaca la Isla del Trocadero fue por haber jugado un papel primordial en el comercio con "Indias" en la època en la que Cádiz se convirtió en sede de la Casa de Contratación hace 300 años y en el asedio francés a Cádiz a principios del siglo XIX y posteriormente en la llamada "Batalla del Trocadero" un encuentro bélico que tuvo lugar el 31 de agosto de 1823 y que puso fin al Trienio Liberal español (1820-1823) y restauró al monarca absolutista Fernando VII. La intervención de tropas francesas conocidas como los Cien Mil hijos de San Luis hizo acabar el enfrentamiento a favor del bando tradicionalista que se enfrentaba a la revolución constitucional.

Hemos llegado a una zona donde el caño está "repletito" de pequeñas barquitas, son del Club del Trocadero.

Allí mismo existe un pequeño poblado de casetas que nos indican la alta aceptación de este recóndito lugar, son conocidas como las Casas de las Canteras, un espacio ocupado por pescadores de todo tipo y que rebosa de actividad.

Rápidaamente salimos del poblado y continuamos por la vuelta de afuera de la salina.

Una doble compuerta en perfecto estado controlan la salida de agua de la antigua salina, hoy día espacio protegido para la nidificación de aves.

Este caño sorprende ya que es diferente a la mayoría, por norma general en las desembocaduras son más anchos que corriente arriba, pero este caño se ensancha conforme se aproxima a Puerto Real, localidad que vemos al fondo.

Generalmente todas las salinas y marismas están en lugares apartados y solicitarios y aquí nos sorprende el maremagnun que rodea este idílico lugar.

Si seguimos el camino y pasamos bajo el puente llegamos a la carretera, giraríamos a la izquierda y llegaríamos al coche, pero no nos gusta el asfalto así que tiramos a la izquierda y tras pasar un pequeño tramo sin apenas vereda, nos quitamos algunos metros de carretera.

Tras el paso "campo a través", tenemos un inevitable tramo de arcén, allí al fondo vemos el coche y damos por finalizada la ruta.

 Podéis descargaros el track cliicando en la siguiente imagen:
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

sábado, 26 de diciembre de 2020

CIRCULAR POR LA SIERRA DE SAN CRISTÓBAL (EL PORTAL-JEREZ) (23 DIC 2020)

La sierra de San Cristóbal es una pequeña elevación a caballo entre los términos municipales de El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera en la pedanía de El Portal y que desde tiempos inmemoriales estuvo habitada. Una pequeña sierra pero llena de grandes secretos, pasearemos por un yacimiento arqueológico turdetano, unas antiquísimas canteras de las que cuentan se extrajeron las piedras con que se construyó el famoso Portus Gaditanus, a la postre nuevo puerto de Gades construido por Balbo y citado por Estrabón y de donde también salió la piedra con la que se construyeron las catedrales de Sevilla, Cádiz o Jerez. Pero sobre todo, la sierra de San Cristóbal es un inmeso queso de gruyère, una sierra totalmente horadada y repleta de túneles y pasadizos tan ocultos y protegidos que hasta hubo una época en la que fue utilizada como polvorines para  custodiar explosivos de alta potencia.
En sus cercanías tenemos el yacimiento arqueológico de Doña Blanca, el citado Portus Gaditanus y una necrópolis, íntimamente ligados entre ellos, y una gran torre medieval.

En fin, hoy daremos un paseo por una pequeña y humilde sierra cuya historia se remonta a lo principios de la humanidad, una humilde sierra de cuyo germen probablemente nació el mundo moderno que hoy conocemos.

Distancia: 9,31 kilómetros.
Tiempo: 2 horas 45 minutos.
Dificultad: Fácil.
Dejamos el coche en: 36º38.100'N - 6º08..122'W
 
Dejamos el coche en el amplio aparcamiento de la Venta El Pollo.

Tras pasar por la puerta de la venta y justo a nuestra derecha tomaremos un camino de gatos que nos apartará de la carretera.

Empezamos una leve subida por el conocido como Cerro de la Bola una pequeña arruga del terreno cuya mayor altura se sitúa a 85 metros sobre el nivel del mar.

Caminamos entre eucaliptos y monte bajo, entre los que destaca infinitas plantas de tomillo.

Tenemos que estar atentos por que el ancho camino que asciende nos saca de trazado, una pequeña vereda a nuestra izquierda nos llevará a caminar ya en sentido descendente.

Allí enfrente tenemos la zona más alta de la sierra de San Cristóbal y donde se ubica su vértice geodésico, también vemos los dos grupos de antenas de comunicaciónes por las que debemos pasar.

 Justo antes de incorporarnos a la Cañada del Carrillo nos encontramos un inmenso pabellón, conocido como Casa la Suave.
 
El día amenaza lluvia y todo está muy fresco y verde tras las lluvias caídas, pero no es bueno para las fotos lejanas, una cerrada bruma nos quita nitidez y color de detalles., esperemos que mejore según avance la mañana.

Todas las laderas de esta sierra han sido tradicionalmente campos de labor y podemos encontrar un sinfin de caminos, veredas o cañadas que discurren entre las parcelas. En este caso, tomamos la conocida como Vereda de la sierra de San Cristóbal, un camino que circunda toda la sierra. Estamos cerrando un circular hacia la izquierda por lo que la mayoría de los giros irán en este sentido, este es uno de los escasos giros a la derecha que haremos.

La vereda es ancha y recorre esta amplia llanura de forma paralela. En algunas zonas encontramos mucho barro y un terreno blando con inumerables rodadas de vehículos a motor.
 
Como decía al principio esta sierra es un inmenso queso Gruyère, y aunque el objetivo de esta ruta no es visitarlos, si que podremos ver durante el trayecto algunas de las cuevas, túneles u oquedades que la minan. Allí a lo lejos vemos un par de ellas, la piedra de la zona ha sido explotada desde la antiguedad quedando numerosas muestras de esta labor extractiva.

A nuestro frente vemos un macizo de árboles que me llaman la atención, no es frecuente verlos por aquí, se tratan de sabinas (Juniperus sabina) y de buen porte, tienen que ser muy antiguas porque esta especie no alcanza gran tamaño. El uso medicinal de la sabina es antiguo, como lo demuestra su presencia en la Capitulare de villis vel curtis imperii, una orden emitida por Carlomagno que reclama a sus campos para que cultiven una serie de hierbas y condimentos incluyendo "savinam" identificada actualmente como Juniperus sabina.

Una nueva cañada nos cruza perpendicular, se trata de la Hijuela del Pozo de Torrox. Nosotros seguimos al frente.

Seguimos llaneando por esta verde pasillo, a nuestra izquierda llevamos desde hace mucho un pequeño cauce.

Se trata del arroyo del Carrillo. Es famoso porque cada vez que por aquí llueve en condiciones, no da abasto para evacuar las aguas y se provocan continuas inundaciones, algo por otra parte que no debería ser achacado al mismo toda vez que viendo la configuración del terreno y su forma de manga, con terremos más elevados a ambos lados pues provoca que todo el agua caída en bastantes kilómetros cuadrados, se concentre en esta zona.

A nuestra derecha vamos viendo numerosos bloques de piedras, indicadores de que por aquí hubo antiguas construcciones, algunas de ellas con tallados bien conservados.


Y el largo pero no tortuoso camino sigue paralelo a la sierra que nos interesa, no nos alejamos de ella pero tampoco nos acercamos, aunque debe quedar poco. para el giro definitivo.

 Nos llama la atención un pequeño hangar con una manga de viento y un trozo de campo asfaltado, parece una pista.
 
Y el recto camino sigue alejándose de donde sabemos que debemos ir. En algún momento tendremos que hacer un brusco giro a la izquierda. Y las nubes con unas ganas locas de soltar agua.

Cuando empezaba a pensar en un error de cálculo, llegó el deseado giro, un pontón nos permite atravesar el arroyo del Carrillo. Estamos en la Hijuela de la Campana.

Y nuestras sospechas se confirman, ha sido girar a la izquierda y nos encontramos la entrada del Club de Aeromodelismo El Muro.

Aunque muy levemente, hemos empezado a subir, una pequeña y sucia carretera discurre entre las casas de El Paso.
 
Hemos subido pocos metros pero esto nos permite a pesar de la bruma, tener algunas vistas largas, allí al fondo Jerez de la Frontera.
 
Un nuevo giro a la izquierda nos va dejando en dirección a la sierra, encontramos numerosas casas en este lugar. Es el diseminado de Las Cuevas, alegórico nombre que nos induce a pensar que nos acercamos a algunas de los túneles que horadan esta sierra.

Pensado y hecho, aquí vemos una de las entradas de lo que fue la antigua cantera de la sierra de San Cristóbal. De estas galerías hablamos profundaamente tras la visita que hicimos a la zona más importante de esta inmensa cantera subterránea en octubre de 2017 y detallada en la entrada: Canteras de la Sierra de San Cristóbal. La catedral subterránea. Según fuentes académicas, los orígenes de la cantera datan del siglo XIII, aunque está comprobado que la actividad extractiva se efectuó desde la época fenicia, habiéndose constatado que el poblado fenicio de Doña Blanca, así como el mayor puerto púnico del Mediterráneo (recientemente encontrado en las cercanías del poblado fenicio), fue construido utilizando piedras de este lugar, dónde los canteros y al resguardo de las inclemencias del tiempo, trabajaban la piedra a mano, con sierras, agua y cinceles, según afirma el catedrático de Prehistoria de la Univerdad de Cádiz Diego Ruiz Mata.
 
 Ahora callejeamos un poco por este pequeño núcleo urbano, y seguimos ascendiendo, buena señal.

Un nuevo giro a la izquierda y como por arte de magia aparecemos junto al primero grupo de antenas que pese a su gran altura, no habíamos podido ver con antelación.

Y a sus pies una tan cuidada como inútil fuente al carecer de canalización que le de agua que la alimente.
 
Parece que llegamos a un callejón sin salida, el camino se acaba pero el terreno pisado nos hace ver que por allí hay un paso, tira "p'alante".

A nuestra derecha tenemos un gran muro que rodea los Depósitos de Aguas de San Cristóbal que se nutren de las aguas recibidas del pantano de Los Hurones y a nuestra izquierda una gran caída, esto no pinta bien, pero el lugar está bien pisado, incluso con alguna rodada de bicicleta y si pasa una bici, yo también.

A nuestra izquierda tenemos buenas vistas, la bruma ha desaparecido parcialmente y nos permite disfrutar de la campiña de Jerez.

El muro da paso a una valla metálica por la donde veo circular un coche, lo mismo incluso podríamos pasar por dentro, no lo sé. Pero seguimos por esta vereda bien marcada.
 
Rápidamente nos vamos acercando a la parte más alta de la sierra, ya tenemos a la vista el segundo grupo de antenas.

Hacemos una nueva parada para mirar al "más allá". Al sursuroeste vemos el poblado de Doña Blanca y la Torre de Doña Blanca dentro del recinto arqueológico de igual nombre (visitados en octubre de 2017). Hace relativamente poco tiempo, geológicamente hablando se entiende, todo eso era el mar, pasa que el río Guadalete y su fuerte sedimentación fue colmatando el lugar. En ese yacimiento se han encontrado restos de diferentes épocas, unos sobre otros, es lo que en arqueología se denomina "tell", que es un término que designa un yacimiento con forma de montículo, resultado de la acumulación de materiales y escombros depositados por las distintas ocupaciones humanas.
Los restos más antiguos han sido datados en una fase tardía de la Edad de Cobre, hacia finales del año 3.000 a.C. Tras una fase de abandono, es sobre el s.VIII a.C. cuándo la zona se convierte en una verdadera ciudad, dotada de muralla y que permanecerá ocupada hasta finales del s.III a.C., época en la que vuelve a quedar abandonada hasta la época medieval islámica, momento en el que estableció una alquería almohade (s.XII) y así llegamos hasta finales del siglo XV cuando se construyó la Torre de Doña Blanca. Según algunos estudiosos del tema, se identifica esta torre como el lugar en el que sufrió prisión y muerte Doña Blanca de Borbón (1361) esposa de Pedro I, y de ahí tomó su nombre.

Por detrás y con un poco de zoom y a pesar de la bruma, podemos distinguir Puerto Real, Cádiz incluso el Puente de la Constitución.
 
 
Y al suroeste vemos el Puerto de Santa María.

Y a nuestro frente, el segundo grupo de antenas.
 
Al más adelante tenemos el vértice geodésico de San Cristóbal, a la escalofriante altura de 125 msnm. 
 
 Hacia el sur vemos la bien marcada vereda por donde continuaremos el recorrido.

Supuestamente, esto que vemos aquí abajo es una cantera de áridos, pero parece que está siendo rellenada con escombros procedentes de obras. A la postre se confirma mi sospecha, aquí se ubica  la denominada "Planta de Reciclaje de Residuos de Obras y Demolición".

Un gran bocado en la ladera del monte, son más vestigios de la antigua cantera. La importancia de la explotación primigenia terminó decayendo, y resurgiendo nuevamente entre los siglos XVI-XVIII. Según Juan Clemente Rodríguez Estevez, doctor en Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, unos 15.000 barcos cargados de esta piedra, salieron de la Bahía de Cádiz y remontaron el Guadalete para llegar a la capital hispalense por el Guadalquivir, los bloques se transportaban en carretas de mulas hasta el embarcadero de El Portal y desde allí y embarcados en navíos, llegaban a Sevilla.

Un gran cartel nos avisa de que estamos en el yacimiento arqueológico del Poblado de las Cumbres, un enclave turdetano datado en el siglo III a.C, e íntimamente ligados al asentamiento de doña Blanca y su necrópolis, he visto planos de como era este poblado pero aquí no se ve nada, supngo que todo estará bajo tierra.

Un murete en su entrada formado por grandes piedras alineadas y esta piedra tallada, es lo único que consigo ver., lo demás me lo tengo que imaginar.

A este vemos el cerro de la Bola y el camino utilizado por el que conectamos con la Vereda de la Sierra de San Cristóbal.

Al sureste vemos los meandros del río Guadalete y toda la zona que en su momento formó su delta., hoy día prácticamente colmatadas de sedimentos.
 
Rápidamente nos hemos puesto a descender, tras esos pinos tenemos que volver a girar a la izquierda, se baja por cualquier lugar aunque por ese altillo de la izquierda parece más cómodo.
 

Hemos conectado con la Cañada Real de la Vega o Esquivel.
 
En medio de los matorrales nos sorprende este gran canal de agua perteneciente a las infraestructuras de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
 
Este último tramo lo haremos caminando paralelos a la carretera que en ningún momento debemos cruzar.

Este paso, orientado al sureste es el más fresco y húmedo de todo el recorrido y rebosa frondosidad incluso nos encontramos algunos metros de un bonito bosque galería.
 
Vamos evitando las zonas de barro de la mejor forma que podemos.
 
Una clara vereda nos invita a seguirla pero hacemos caso omiso a su reclamo y seguimos paralelos a la carretera.

A nuestra derecha vamos dejando el arroyo del Carrillo con bastante agua, por cierto. Deberíamos cruzarlo pero no se atisba ningún paso, a ver hasta donde tenemos que ir para pasar al otro lado, algo necesario para culminar la ruta prevista.

Vemos una estación de bombeo y un gran tubo que cruza al otro lado, ¡ya tenemos nuestro deseado puente!

Y nuevamente conectamos con la Vereda de la sierra de San Cristóbal.

 Que pronto dejaremos para volver a acercarnos a la carretera, referencia infalible para terminar este último tramo.
 
 

Dejamos a nuestra izquierda el Rancho de la Bola.

De nuevo el bosque se espesa.

Tras unos centenares de metros campo a través, otro de los inumerables caminos nos llama la atención y me vuelve a tender una emboscada y casi pico. Miro el gps y veo que el camino de venida lo acabo de sobrepasar, unos metros hacia atrás y girando a la derecha ya estamos a la vista de la Venta el Pollo, dando por finalizada esta divertida salida.

Mini video desde el vértice geodésico de la sierra de San Cristóbal.
 
Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
 
Y ya sabéis, búscanos donde haya un sendero, una montaña, un árbol, donde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos donde el buitre leonado se siente invencible o donde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.