jueves, 30 de junio de 2016

EL MONASTERIO DE PIEDRA (NUÉVALOS) 1 JUN 2016

El Parque Natural del Monasterio de Piedra se encuentra entre las sierras más escarpadas del Sistema Bético, dentro del término municipal de Nuévalos (Zaragoza). En él se agrupa un entorno paradisíaco único en la Península Ibérica, rodeado de cascadas, saltos de agua y grupos de cavernas visitables modelados pacientemente por el río Piedra encontraremos un auténtico oasis en medio de un terreno realmente seco, si el paraíso existe debe ser igual o muy parecido a esto. También podremos ver los restos de una abadía que da nombre al lugar, el Monasterio de Piedra, una antigua fortaleza musulmana que Alfonso II de Aragón cedió a la Iglesia, junto a los parajes que la rodeaban y que un grupo de monjes cistercienses se encargó de convertir en un monasterio que con el paso de los siglos se ha convertido en un destino imprescindible para cualquier amante de la naturaleza gracias al entorno dónde se encontraba ubicado.

Dejamos el coche en: 41º11.608'N - 1º46.800'W. Un amplio parking a la entrada del parque.

Debido al alto número de visitantes que recibe, es más que recomendable programar la visita entre semana, así lo hicimos y fue todo un acierto.
Dicen que se tarda un par de horas en hacer el recorrido, yo os aseguro que a poco que os paréis a disfrutar del parque y sacar fotos, no serán menos de cuatro horas las que emplearéis.

Podéis descargaros el track clicando en la siguiente imagen:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13831671

En la entrada del recinto amurallado se encuentran habilitados varios grandes aparcamientos y casi todos a la sombra, cosa que se agradece.

Sorteado el control de entrada lo primero que nos encontramos es un gran paseo por una zona de abundante arbolado, se trata del Vergel de Juan Federico Muntadas. Dicho Vergel ocupa un espacio bastante importante de la superficie del parque.

Rápidamente llegamos a la primera cascada, conocida como Baños de Diana. Como telón de fondo aparece entre el verde un espectacular salto de agua, la cascada La Caprichosa.

A nuestra izquierda un apacible lago llamado Lago de los Patos, aunque lo que se dicen patos, no vimos ninguno.

Por aquí hay muy poca gente, gran acierto venir entre semana, esto me permite hacer fotos con toda la tranquilidad del mundo. Nuevas imágenes de los Baños de Diana.


Desde otro ángulo con La Caprichosa al fondo.

Un poco de zoom sobre La Caprichosa.

Una inesperada racha de viento hace su aparición y provoca que la pulverización creada con la caída del agua se eleve sobre sí misma. No podía desaprovechar la situación. Esto parece un bosque de niebla.

Aunque en la entrada dan un planillo del recorrido, lo cierto es que es innecesario, el camino a seguir no tiene pérdida y nos lleva directamente a otra espectacular cascada, La Trinidad. Antes de llegar a esta cascada hemos pasado una serie de pequeñas grutas con nombres evocadores, la gruta de la Pantera, Bacante o la del Artista, nos hablarán de efecto demoledor del agua sobre la piedra.


Nos dirigimos a continuación a los pies de La Caprichosa, realmente grande, el estruendo del agua y el spray existente dan un plus salvaje al mirador.


Justo en su lateral unas escaleras talladas en la piedra nos llevan a la parte alta de La Caprichosa, llegamos a la zona conocida como Los Vadillos. El agua que aquí vemos es la que nutre a este gran salto.

Los Vadillos es una zona con varios travertinos dónde el agua pierde altura de forma relativamente pausada, un puente nos permite el vadeo del rio.


Acabamos de empezar y ha estamos extasiados de esta maravilla. Probablemente sea de las zonas menos nombradas del parque, pero os aseguro que no tiene nada que envidiar a otras, su amplio cauce escalonado harán las delicias de cualquiera y serán motivo de un sinfín de fotografías.

La zona alta de Los Vadillos es conocida como el Parque de Pradilla.

Sin tiempo a recomponernos, una nueva cascada sale a nuestro encuentro.

Y otra más, esta conocida como Fresnos Altos, supongo que por la abundancia de dicho árbol por la zona.


Justo a sus pies, otra más, lógicamente llamada Fresnos Bajos.

Una escalera la recorre paralela, nuestro paso se acomoda a la caída del agua.

Llegamos a la Cascada Iris.



Estamos llegando a lo que probablemente sea el conjunto estrella del parque, se trata de la gruta Iris, que nos llevará hasta los mismos pies de la cascada Cola de Caballo, la mayor del parque. La bajada por un pasadizo escalonado termina en una inmensa gruta por detrás de la cortina de agua. Aunque antes de bajar hacemos un desvío para subir al mirador más alto que tiene esta parte del río Piedra y desde dónde veremos como se encajona entre las paredes casi verticales del cerro.

Una placa de mármol conmemorativa nos indica la entrada a la chimenea (escalonada) que nos llevará a las entrañas del parque.

Un enorme lago interior, llenito de truchas será nuestra primera imagen imborrable, a pesar de la oscuridad reinante se nos abre un mundo onírico de color.

Durante la baja existen varios miradores que nos permitirá disfrutar de esta inmensa cascada a diferentes alturas.

El día es caluroso pero por aquí empieza a refrescar, pero esto no es nada para lo que nos espera en el corazón de la gruta, un auténtico espectáculo de color, agua (nos mojaremos y mucho) y casi diez grados menos de temperatura, lo que unido al tiempo que permanecimos en el interior hizo que saliéramos casi helados.


La cascada Cola de Caballo es la mayor del parque, se nutre del agua recibida del torrente de Los Mirlos y tiene más de cincuenta metros de altura.

Viendo la violencia con que cae el agua no extraña la inmensa hoz formada.

Desde otro de los miradores.

Llevamos dos horas en el parque y aún estamos a la mitad del recorrido. Afortunadamente iba bien provisto de baterías y tarjetas de memoria suplementarias. Fueron casi ochocientas fotos las realizadas y ha sido un suplicio hacer una selección que nos permita hacernos una buena idea global del parque.

Desde el último mirador antes de adentrarnos en la caverna.

Aquí te mojas sí o sí. Estamos en la entrada de la gruta y conforme nos adentremos en ella las filtraciones de agua irán en aumento. Un buen chubasquero nos hubiese evitado salir mojados y casi temblando de frio, aquí dentro estuvimos casi 45 minutos, pero el lugar lo merece, además permite poner en práctica técnicas fotográficas que sólo conozco por haberlas leido, aunque las fotos no son excesivamente buenas, sirven para dar una buena idea de la maravilla del lugar.



Una pasarela que casi nadie pilla nos introduce unos cuarenta metros en la caverna y luego y ya por piedra tallada podemos llegar hasta el mismo fondo de la misma, sobre los 60 metros. Aquí la oscuridad es casi total y debido a las dimensiones que tiene, ni siquiera con el flash "bueno" conseguía iluminar las paredes frontales, así que todas las imágenes son en larga exposición, eso sí, con trípode.

Hubo un momento en que los rayos de sol del atardecer se introdujeron algo por la boca y dió una imagen irreal que pocas personas han debido ver. Estoy seguro que en algún momento del año los rayos deben iluminar totalmente la caverna, será cuestión de investigarlo. Las proporciones de la cueva pueden imaginarse viendo las personas que en este momento pasaban por su entrada.





Me encantan los flares.


Me hubiese quedado aquí más tiempo, pero la lluvia interior nos tenía empapados y no era cuestión de pillar una pulmonía que aún estábamos a mitad del viaje y nos quedaban otros lugares que visitar.

La Cola de Caballo desde su mirador oficial, en estas fechas ya había empezado a bajar el caudal de agua, aún así el estruendo era impresionante.

A regañandientes y bajo la sugerencia de mi compañera de viajes, salimos del lugar y buscamos el rincón más apacible del parque, después de atravesar una zona de piscifactoria, dónde las truchas en perfecto orden de tamaño campan a sus anchas, llegamos al Lago del Espejo.

Se llama así ya que sus cristalinas y tranquilas aguas, cuya quietud sólo es rota por alguna trucha en busca de comida, reflejan los cerros que lo rodean.

El lago es atravesado por un puente, la Pasarela del Pontonero que nos permitirá diferentes ángulos de visión del entorno.

Especial mención merece la soberbia Peña del Diablo, que en la hora adecuada del día, se refleja perfectamente en la superficie aunque en esta época anda bastante cubierta de vegetación flotante, lo que dificulta en parte su visión.



Seguimos nuestro camino y observamos como un confiado petirrojo se nos acerca. El petirrojo europeo (Erithacus rubecula) es una especie de ave paseriforme,  pájaro sociable, atrevido y curioso que acostumbra a salir del bosque y plantarse a mitad de un camino para ver quién llega a su territorio, emitiendo su característica  voz de alerta: un chip-chip metálico y seco. Su canto es un gorjeo musical, muy melódico, parecido al del ruiseñor. Y este ejemplar hizo honor a su descripción oficial, dejó que le sacara varias tomas muy cercanas y se fue cuándo vió que no obtenía premio a su posado.

La siguiente parada fue en la apartada y oscura Fuente de Los Salmones.

Se llama así por los salmones tallados en sus caños.

Llegamos a la cascada de Los Chorreaderos y nos percatamos que el paseo está llegando a su fin. Los Chorreaderos más que una cascada, se tratan de unas amplias caidas de agua de poco caudal, que se inician en lo alto de la ladera del monte. Es totalmente imposible sacarla entera en una sóla foto.



A pesar de su dispersión y poca cantidad de agua, se ofrece también como una zona impresionante, dónde el verde esmeralda y el leve rumor del agua nos invita a quedarnos un rato por allí, cosa que hicimos al objeto de descansar un poco e ir haciendo balance de esta visita, probablemente la principal de nuestra semana de vacaciones.



Un último vistazo antes de continuar, estamos acabando la visita al parque, pero aún nos quedan dos visitas suplementarias, la primera a la Abadía y restos del monasterio que da nombre a todo el parque, y por último asistir a un espectáculo de aves rapaces.

En un rincón escondido y con poco caudal de agua se encuentra la cascada Sombría, que hace gala a su nombre. Su porte más humilde y siendo la última la verdad es que nos llama poco la atención. Con esta última cascada damos por finalizada la visita principal y nos dirigimos a la Abadía.

El monasterio fue fundado en 1194 por monjes cistercienses llegados del monasterio de Poblet. Construido sobre el antiguo Castillo de Piedra Vieja, una antigua fortaleza musulmana que Alfonso II de Aragón cedió a la Iglesia, junto a los parajes que la rodeaban. Se trataba de un recinto amurallado al que se accedía a través de la Torre del Homenaje. La iglesia fue destruida a principios de 1800 y comunicaba con el claustro abierto de arcos apuntados y capiteles labrados.

Durante más de 650 años los monjes vivieron en el Monasterio, hasta que en el siglo XVIII fue ocupado durante la Guerra de la Independencia, quedando parcialmente destruido. Con la Desamortización de Mendizábal pasó a manos privadas en 1840. Declarándose Monumento Nacional en 1983.
La hermosa Sala Capitular que vemos en la imagen (de principios del siglo XII) era el centro neurálgico de la vida monástica. Su cerramiento está soportado por cuatro columnas centrales de tipo palmeado.
Uno de sus claves muestra un castillo musulmán, se cree que es el castillo de Piedra Vieja.

Algunas imágenes se conservan con los daños provocados por la ocupación.

En su construcción se utilizaron sillares de caliza muy porosa y actualmente está muy deteriorada.

En la fachada sudoeste hay un pórtico tardorrománico con arco de medio punto y cinco arquivoltas abocinadas apoyadas en columnas con capiteles decorados.

La iglesia es de estilo románico tardío (siglo XIII), su planta tiene forma de cruz con crucero, ábside central poligonal y cuatro ábsides laterales.

Aún se conservan algunas pinturas originales que muestran imágenes del día a día del monasterio.


Finalizamos la visita con la asistencia al espectáculo con aves rapaces, la verdad es que nos decepcionó bastante por su simpleza y poca interacción con las aves, no obstante, el mero hecho de poder ver de cerca estos fantásticos animales, bien merece la pena dedicarle un rato. Búhos, águilas, buitres, quebrantahuesos o los formidables halcones pondrán un broche de oro a esta fantástica visita.
Búho real (Bubo bubo).

Águila rapaz (Aquila rapax).


Ratonero común (Buteo buteo).

Águila volatinera (Terathopius ecaudatus).

Con una última foto de estos increíbles animales, me despido de vosotros. Y ya sabéis, búscanos dónde haya un sendero, una montaña, un árbol, dónde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos dónde el buitre leonado se siente invencible o dónde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

Video resumen del paseo:
 

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